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Historia de Racismo y Esclavitud en Latinoamérica: Casos en Chile y Perú

Historia de Racismo y Esclavitud en Latinoamérica: Casos en Chile y Perú

  • Ser "negro" en Latinoamérica, puede ser desde un adjetivo cariñoso a uno despectivo.
  • El racismo y la esclavitud en Latinoamérica a través de su historia, nos enseña qué en el presente no deberíamos mirar nuestras diferencias, sino, nuestras similitudes.
  • El pueblo que no conoce y recuerda su historia está condenado a repetirla. Dicho esto, los invito a reflexionar en nuestro comportamiento, y no repitamos historias dolorosas.
Black Lives Matter Latinoamérica

El movimiento Black Lives Matter también aplica a Latinoamérica

Latinoamérica es una tierra donde utilizamos el apelativo “negro”, como un adjetivo cariñoso para nuestros seres queridos. Así, nos sentimos asombrados y tomamos distancia de la discriminación racial que vemos en Estados Unidos. Nos sorprende el nivel de odio y los términos denigrantes utilizados en el país del norte, que prácticamente no tienen traducción al español.

Graffiti de @adrianav

Pero nuestra realidad es mucho más cercana de lo que creemos. El “negro” también puede ser despectivo, basta agregar un adjetivo. Guardamos tanto polvo racista bajo la alfombra, que sólo nos alcanza el tiempo para sacudir un par de ejemplos.

Sinsabores de la comida peruana: un legado de la esclavitud

Si han tenido la fortuna de saborear la comida peruana, sabrán que es la mejor del planeta. En especial la cocina chifa, con esos sabores profundos y frescos que explotan el paladar. El Perú es una tierra donde un 20% de la población tiene alguna ascendencia china y la llamada cocina “chifa”, deriva del chino cantonés que significa “comer arroz”. Es tan fuerte la influencia que incluso a la salsa de soja se le llama “sillao”, también derivado del cantonés.

El origen de esta mezcla y su exquisita comida, tiene sus orígenes en los llamados Chinos culíes, arribados como esclavos. A principios del siglo XX miles de chinos cantoneses abordaron barcos rumbo a Perú. Como la oportunidad de escapar de la hambruna que azotaba oriente. Sin saber qué los contratos de trabajo que firmaban, los ataban a un cruento destino de 8 años de trabajo forzado en haciendas. O para trabajar en las temidas Islas de Guano, extrayendo el valioso excremento de pájaro entre el hedor y los acantilados. Largas jornadas eran acompañadas por cariños de látigos, y las noches cobijadas por cadenas. Muchos cometían suicidio como única salida posible a este sino nefasto.

Chinos culíes trabajando

Bajo una lógica perversa, los chinos culíes sufrían incluso peores tratos que los mismos esclavos negros. Un esclavo negro era un “activo” de por vida, por lo tanto se debía cuidar. Para así, obtener beneficios durante la mayor cantidad de años posible. Un culí en cambio, era un “esclavo temporal”, siendo su maltrato inescrupuloso y brutal.

En Latinoamérica tuvimos que pasar por la Guerra del Pacífico para ponerle fin de la esclavitud

Todo esto ocurría bajo la pasividad de las autoridades. Solo intervinieron cuando se enteraron que los culíes consumían gran cantidad de opio, como único escape a la desdicha diaria. Al darse cuenta del lucrativo negocio del alcaloide, el gobierno monopolizó la importación, distribución y venta al detalle. Transformándose básicamente en el Cartel del Opio.

Pronto vendría la Guerra del Pacífico contra Chile. Cuando las tropas chilenas avanzaron en territorio peruano, liberaron a muchos culíes de los latifundios . Y estos en represalia tomaron el lado chileno. Llegó a existir un batallón compuesto totalmente por culíes. Sobresaliente es la desconocida historia de Quintín Quintana, o Leo Shi. Un excéntrico personaje que llegó a ser el principal espía de la inteligencia chilena en Perú.

Cocina Chifa

Luego de 20 años y 100 mil chinos esclavizados, se puso fin al tormentoso tráfico humano. Los culíes liberados, poblaron los alrededores del mercado de Lima, creando un auténtico Chinatown. Creyeron que era el fin a su maldición, pero fueron despreciados por la población peruana de ese entonces estigmatizándolos de ladrones, sucios, y seguro, por tomar el lado chileno. Pero los resilientes culíes instalaron sus puestos de comida, y poco a poco sus sabores fueron cautivando a los peruanos. Comenzaron a importar productos y mezclar con los sabores locales. El agridulce conquistó y derritió paladares. Los restaurantes del mercado crecieron e incluso la élite blanca comenzó a degustar esta alquimia culinaria. Pronto comer en ellos se transformó en símbolo de vanguardia. La nueva fusión de deliciosos sabores obtuvo identidad, dejando atrás la amargura del racismo.

Después de tantos años, y en pleno siglo XXI la discriminación existe a plena luz

Cercado por barreras naturales, Chile no tuvo grandes olas migratorias hasta los años 90. En primer lugar, desde el mismo Perú. Han pasado 30 años y nuestros hermanos aún sufren discriminación laboral. Su mención se asocia a trabajos de labor doméstica. Actualmente la migración viene de Haití, que viajan a Chile a ocupar en silencio los trabajos más básicos. Son engañados apenas bajan del avión. Bandas criminales les dan la bienvenida, despojándolos de sus 120 dólares obligatorios. Tristemente, la única palabra del idioma creolé que hemos aprendido en Chile es “masisi”, que significa maricón.

Pintura Nómades Selk’nam

Sin embargo, a comienzos de siglo un puñado de colonizadores y aventureros europeos se internaron en la profundidad de la Patagonia Argentino-Chileno. En parte escapando de las guerras mundiales y otros atraídos por la fiebre del oro en Tierra del Fuego. Llamada así por Hernando de Magallanes, al observar las grandes hogueras de la tribu Selk’nam, el pueblo más numeroso del extremo sur. Vivían de la caza del guanaco, del que obtenían comida y vestimenta. Poseían su propia lengua, además de un profundo vínculo con el entorno y una desarrollada cosmovisión.

El racismo es tan peligroso, que contribuyó al exterminio del Pueblo Selk’nam

Los colonos apoyados por los gobiernos, se convirtieron en una lucrativa sociedad ganadera. Millones de ovejas del nuevo feudo devoraron todo a su paso. Los Selk’nam se vieron expulsados de sus ancestrales territorios ceremoniales y de caza. Los guanacos fueron considerados competencia desleal del alimento de las ovejas. Y tanto guanacos como Selk’nams, cayeron fusilados bajo armas de cacería de los nuevos amos. El hambre de sustento y la sed de venganza no se hicieron esperar. Los Selk’nam se dieron a la caza de ovejas del hombre blanco y esto no se podía tolerar.

Espíritus del rito Hain, cultura Selk’nam

Así comenzó el exterminio sistemático del pueblo Selk’nam, en expediciones patrocinadas por los latifundios ganaderos ; y avaladas por los gobiernos Argentino, Chileno y Británico. Donde un periódico de la época habla de las inmensas posibilidades de este territorio, “el único problema era exterminar a los indios”. A los mercenarios, les pagaban una libra esterlina por oreja de adulto y media libra por niño Selk’nam. Cuando comenzaron a ver indios sin orejas, se sintieron engañados, y exigieron otras partes del cuerpo.

Hoy la historia considera la matanza Selk’nam como genocidio

Un destacado en la matanza fue el rumano buscador de oro Julius Popper. Con metódica indolencia, documentó en fotografías las masacres Selk’nam. Con ellas Popper se hizo un “scrapbook” que mostraba a sus amigos y finalmente regaló al presidente argentino. Popper, aparte de asesinarlos, saqueaba sus tiendas y robaba sus pertenencias. Este perverso personaje llegó a ser una especie de auto-proclamado señor feudal Patagónico. Y hasta acuñó sus propias monedas de oro, además de muchos enemigos entre los latifundistas. Murió en misteriosas circunstancias en Buenos Aires, probablemente envenenado. Cuando intentaron realizar la autopsia, se dieron cuenta que el cuerpo había sido robado. Así desapareció, quizás arrojado al fondo del mar, compartiendo el mismo destino de los Selk’nam que había asesinado.

Familia Selk’nam

El término “limpieza racial” se ha utilizado en diferentes épocas de la historia y alrededor del mundo

Los grandes estancieros y sus capataces, encabezados por Braun y Menéndez. Fueron los que bañaron sus manos con la mayor cantidad de la sangre de este genocidio. Bajo una crueldad sin límites de limpieza racial, utilizaban a los Selknam como práctica de tiro al blanco. Entre las muchas narraciones de las matanzas, hay una particularmente cruel; llevada a cabo por uno de sus capataces más feroces, el escocés Mc Lennan. Un día encontró una ballena muerta en una playa. A sabiendas que los Selk’nam se alimentarían de ella la envenenó. La alta dosis de estricnina, mató a una comunidad de más de 500 selknams.

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El genocidio Selk’nam se ocultó por muchos años y los latifundistas como Menendez, eran considerados héroes. Hasta hace muy poco eran homenajeados hasta por el dictador Pinochet. Sin embargo, el soplo de la historia ha dejado al descubierto los vestigios de este exterminio. Trayendo al pueblo Selknam de vuelta a la vida en la memoria colectiva. Tenemos la responsabilidad de evitar que algo tan inhumano vuelva a ocurrir. Es un retroceso ya que no solo pierde quién es sometido, sino todo el resto de nosotros.

Es mejor mirar nuestras similitudes, no las diferencias

Terrible fue el destino de los últimos Selk’nam. Terminaron sus días exhibidos como espectáculo en zoológicos humanos en París y Londres. Expuestos como la “anormalidad” o el “salvajismo”. En definitiva la diferencia, representando el espejo de lo que no queremos ser. La exposición de lo diferente no se ve hoy en zoológicos humanos, sino en programas de televisión. Donde quién es distinto se muestra como rareza. Y también como objeto de burla.

El mensaje es peligroso, y apela a la ignorancia de los estereotipos. “Parece indio, se ve gay, parece empleada”, porque es muy fácil ser racista y reír del aspecto del otro. Y esta conducta se perpetúa en los hijos que observan los ejemplos de comportamiento en adultos.

La naturaleza nos enseña de diversidad

Fui un niño racista

Yo mismo fui un niño racista. Mi madre me contó que a los 6 años lloré en la escuela por tener que sentarme al lado de Godoy, un niño moreno. Expliqué que no quería sentarme con él porque era negro. Aun no entiendo que impulsó esa reacción, pero créeme que a lo largo de mi vida, he luchado conscientemente contra cualquier tipo de racismo, sobre todo en mi interior. Más aún con los años, porque la vida me ha demostrado que la diversidad enriquece; que si aprendemos a mirar más allá de nuestras diferencias, de un color de piel u origen, habremos ganado, tal como lo hizo el Perú con su maravillosa gastronomía.

Deseo que la mirada de aquellos que solucionan todo con un arma fuese diferente. Así quizás los Selk’nam aun recorrerían con paso incesante los paisajes de la Tierra del Fuego. Y otros ojos se reflejarían en las grandes fogatas, recordándonos quienes somos detrás de la máscara.

Con la idea de ayudar a la sociedad a mirar más allá de nuestras diferencias; hemos creado el proyecto KarmaPoint. Una app que permite reconocernos por quienes somos y no por nuestra apariencia y brindar la posibilidad de agradecer a aquellos que son un aporte positivo a nuestro entorno, a la sociedad y el planeta.

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