La cirugía robótica de columna permite planear previamente la trayectoria de los instrumentos y utilizar un brazo robótico para reproducirla con alta precisión durante la intervención. La cirugía robótica de columna permite planear previamente la trayectoria de los instrumentos y utilizar un brazo robótico para reproducirla con alta precisión durante la intervención.

El robot que debe acertar por menos de un milímetro ya está operando columnas en CDMX

En una cirugía de columna, unos milímetros pueden cambiarlo todo. En México, un sistema robótico ya ayuda a los cirujanos a ejecutar movimientos con precisión submilimétrica, pero detrás de cada trayectoria sigue existiendo una decisión humana.

En una cirugía de columna, un milímetro puede importar mucho. No porque exista una frontera matemática en la que un movimiento sea seguro y el siguiente deje de serlo, sino porque el cirujano trabaja cerca de estructuras neurológicas y vasculares donde una trayectoria incorrecta puede tener consecuencias graves.

Por eso, uno de los aspectos más interesantes de la llegada de la cirugía robótica de columna a México no es simplemente que haya un robot dentro del quirófano. Es la precisión con la que puede ayudar al especialista a ejecutar una trayectoria previamente planeada.

México realizó el pasado 22 de julio su primera cirugía robótica de columna de alta precisión con el sistema Mazor X, de Medtronic, en el Hospital Ángeles Pedregal. El procedimiento fue encabezado por el neurocirujano José Antonio Soriano Sánchez, director del Centro de Neurociencias del hospital.

Pero hablar de un robot que participa en una cirugía puede provocar una imagen equivocada. Mazor X no decide dónde colocar un tornillo ni sustituye al médico frente al paciente. La tecnología funciona como un sistema de planificación, navegación y guía que permite llevar al quirófano las decisiones tomadas previamente por el cirujano.

La precisión submilimétrica cambia la cirugía robótica de columna

Soriano lo explicó al hablar sobre la diferencia entre las técnicas tradicionales y las nuevas herramientas robóticas:

“Pasamos de los procedimientos basados en el pulso de la mano del cirujano, a la automatización casi completa del proceso, en la que un brazo robótico con instrucciones precisas del cirujano se posiciona con precisión sub milimétrica para lograr el objetivo, reduciendo la posibilidad de trayectorias peligrosas”.

Esa última parte es quizá la más importante. La precisión submilimétrica no significa que el robot conozca por sí mismo cuál es el mejor tratamiento. Significa que puede ayudar a posicionar instrumentos siguiendo con gran exactitud una trayectoria establecida por el especialista.

Medtronic explica que Mazor X está diseñado precisamente para el posicionamiento de instrumentos quirúrgicos e implantes espinales. Además, sus capacidades de imagen permiten generar información tridimensional y su sistema de navegación rastrea la posición de los instrumentos con relación a la anatomía del paciente.

Antes de entrar al quirófano, por tanto, existe una especie de mapa. Es decir, el cirujano puede visualizar la anatomía, planear y simular la colocación de elementos como tornillos pediculares e implantes. Durante el procedimiento, la navegación permite conocer dónde están los instrumentos respecto a esa anatomía.

¿Por qué importa tanto un milímetro en una columna?

Porque aquí la precisión no es solamente una cuestión de perfeccionamiento tecnológico. Soriano explica que una desviación durante este tipo de procedimientos puede involucrar estructuras neurológicas o vasculares y provocar lesiones. Por eso relaciona directamente la precisión con la seguridad del paciente; ahí aparece la verdadera utilidad del robot.

El brazo no está intentando imitar una mano humana, su función es mantener una posición y una trayectoria previamente determinadas mientras el cirujano continúa controlando la intervención.

De hecho, la propia descripción de Medtronic señala que el brazo automatizado sostiene instrumental quirúrgico clave mientras el sistema ayuda al especialista a visualizar la anatomía. Así, la tecnología no elimina al cirujano de la ecuación: intenta darle una referencia más precisa para ejecutar lo que ya planeó.

El robot tampoco elimina los riesgos

La palabra “precisión” puede producir otra impresión equivocada: que la cirugía se vuelve infalible, pero no es así.

Medtronic mantiene una lista de posibles complicaciones asociadas con los procedimientos en los que se utiliza Mazor X, entre ellas infección, sangrado, daño en tejidos o huesos y lesiones neurológicas. Como cualquier herramienta quirúrgica, utilizar un robot no elimina los riesgos propios de una intervención de columna. Por eso hay otra parte menos espectacular de esta historia, pero igual de importante: el entrenamiento.

Mazor X no opera de manera autónoma: el cirujano establece la estrategia y las trayectorias, mientras el sistema robótico ayuda a posicionar los instrumentos con precisión submilimétrica.
Mazor X no opera de manera autónoma: el cirujano establece la estrategia y las trayectorias, mientras el sistema robótico ayuda a posicionar los instrumentos con precisión submilimétrica. Foto: especial

Antes de realizar el primer procedimiento en un paciente, Soriano pasó por un proceso de capacitación en las instalaciones de Medtronic en Colorado y posteriormente realizó múltiples simulaciones dentro del quirófano. La tecnología exige aprender una nueva manera de operar, pero también conocer sus límites.

El cirujano sigue tomando las decisiones

Quizá la cirugía robótica de columna sea un buen ejemplo de hacia dónde se está moviendo una parte de la medicina: máquinas cada vez más precisas sin que necesariamente desaparezca la persona que toma las decisiones.

Mazor X puede generar referencias tridimensionales, seguir instrumentos y colocar un brazo en una trayectoria planificada. Sin embargo, alguien tiene que decidir cuál debe ser esa trayectoria, ese alguien sigue siendo el cirujano.

Y esa diferencia importa porque cambia la conversación sobre los robots en medicina. No estamos todavía frente a una máquina que recibe a un paciente, determina qué necesita y lo opera de manera independiente. Estamos frente a una herramienta capaz de ejecutar con enorme precisión una parte de una estrategia diseñada por especialistas.

La primera intervención mexicana con este sistema abre entonces una pregunta más interesante que la llegada del robot: ¿qué sucede con el trabajo humano cuando una máquina puede ejecutar algunos de sus movimientos con una precisión difícil de reproducir?

En el quirófano, al menos por ahora, la respuesta parece clara. La máquina puede ayudar a reducir la incertidumbre de un movimiento. Pero la responsabilidad de decidir cuál movimiento debe realizarse sigue estando del lado humano.

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