10 preguntas y respuestas incómodas sobre fertilidad masculina

Ser padre no solo implica fertilidad biológica. Implica en muchos casos, redefinir lo que significa la paternidad.

10 preguntas incómodas sobre fertilidad masculina que debes responder antes de seguir

En la primera parte hablamos de lo básico: causas de la infertilidad masculina, estudios, especialistas en fertilidad en México y tratamientos de reproducción asistida disponibles en CDMX. Respondimos lo que todo hombre necesita saber cuando intenta ser papá y no lo logra.

Pero hay otra parte del proceso que casi no se menciona. La fertilidad masculina no es solo un diagnóstico médico. No es únicamente un conteo, un perfil hormonal o una consulta con el alguno de los especialistas que ya mencionamos. También es un proceso emocional, económico y de pareja. Y ahí es donde aparecen estas preguntas incómodas.

Como ya lo mencionamos en el artículo anterior, hablar de infertilidad masculina en México sigue siendo difícil. Aunque alrededor del 40% de los casos involucran un factor masculino, el tema continúa rodeado de silencio, estigma y desinformación. Y cuando el proceso avanza hacia tratamientos más complejos, las decisiones ya no son únicamente médicas: son personales.

Porque intentar ser padre no solo implica fertilidad biológica. Implica proyecto de vida, estabilidad emocional, comunicación en pareja y, en muchos casos, redefinir lo que significa la paternidad.

Esta es la conversación que casi nadie tiene, pero que muchos hombres viven.

Este contenido forma parte de una serie de tres entregas que buscan algo más que informar: buscan construir una red masculina de apoyo alrededor de temas que inquietan, pero pocas veces se hablan con claridad. En la primera parte conversamos con especialistas en reproducción humana y salud sexual: la doctora Marlene Zamora, el doctorMiguel Ángel Rodríguez Mena, el doctor Juan Carlos Acosta, el médico biólogo de la reproducción Guillermo Fonseca y el doctor Ángel Ávalos Guerrero. Sus aportaciones médicas y científicas dieron estructura a esta guía.

Aquí comienzan las 10 preguntas incómodas sobre fertilidad masculina que debes responder con honestidad antes de dar el siguiente paso.

1. ¿La infertilidad es un estado mental y puede ser psicológica?

No, la infertilidad masculina sicológica no existe. Decir que la infertilidad es ‘psicológica’ muchas veces es una salida fácil cuando no se encuentra una causa inmediata. La verdad es que la infertilidad psicológica no es real. Solo niveles extremos de estrés pueden afectar la fertilidad de forma real.

En algunos casos poco frecuentes, cuando no se encuentra causa médica clara, se habla de infertilidad funcional o psicógena, donde el estrés o factores emocionales podrían estar interfiriendo, pero ese es el camino más fácil cuando no se encuentran las causas.

2. ¿Qué hago con la culpa cuando el diagnóstico apunta hacia mí?

Cuando el diagnóstico apunta hacia ti, la culpa aparece casi sola. No porque hayas hecho algo mal, sino porque toca un lugar muy sensible: la idea de ser hombre, de poder, de cumplir. De pronto parece que tu cuerpo te está fallando y eso se mezcla con miedo, vergüenza y silencio. Pero esto no es una culpa, es una circunstancia.

No lo elegiste, no lo provocaste y no dice nada malo sobre ti. Tu valor no está en lo que tu cuerpo puede o no puede hacer, ni en cumplir una expectativa que nadie controla del todo. Es normal sentir que le fallas a tu pareja, pero el amor no va de ofrecer un cuerpo perfecto ni un camino fácil. Va de estar presente, de sostener, de atravesar juntos lo que toca. Y eso sí depende de ti. No te guardes la culpa. Cuando se queda dentro, pesa más. Nombrarla, compartirla, incluso admitir que duele, no te hace menos hombre. Te hace humano.

3. ¿Mi vida amorosa y mis posiciones sexuales pueden afectar mi fertilidad?

No hay evidencia fuerte de que una postura específica lo consiga, pero eso lo trata un sexólogo. Algo que distingue a estos especialistas es que, además del adiestramiento médico y quirúrgico, cuentan con formación psicoterapéutica y social. Porque la sexualidad no es solo un proceso fisiológico. Por eso el abordaje es integral: «cuerpo, mente y contexto.” Si estás buscando embarazo lo ideal es tener relaciones cada 1–2 días durante la ovulación de tu pareja. El mito: Eyacular muy muchas veces al día puede bajar un poco la concentración, pero en hombres sanos no suele ser problema.

Sin embargo, más allá de la posición y del amor en la paeja, el nivel de satisfacción sí es factor. El sexólogo Juan Carlos Acosta lo explica:

4. ¿En serio tengo que ir al dentista si quiero ser papá?

Ésta es una pregunta rara, pero sí. En los hombres, los problemas dentales como caries o enfermedad de las encías pueden afectar la fertilidad porque generan inflamación e infecciones crónicas. Esto se ha asociado con peor calidad del esperma, menor movilidad y mayor daño en el ADN espermático. No es la causa principal, pero sí puede influir. Cuando se busca un embarazo, la salud bucal del hombre también importa.

5. ¿Me puedo saltar los tratamientos tradicionales para ser papá?

Sí, desde el lado masculino se pueden explorar alternativas antes de ir directamente a tratamientos tradicionales como la FIV o la ICSI, siempre que el problema no sea severo. En este enfoque entra la naprotecnología.

Pero además, existen otros enfoques no tradicionales con base médica: fertilidad restaurativa masculina, corrección de déficits nutricionales, tratamiento del sobrepeso o la resistencia a la insulina, y cambios médicos en hábitos que influyen directamente en la espermatogénesis.

En casos leves o moderados, estas estrategias pueden mejorar la cantidad y calidad del semen lo suficiente como para lograr embarazo natural o evitar técnicas más invasivas. Eso sí, no todos los hombres pueden saltarse la reproducción asistida. En casos como azoospermia, daño testicular grave o alteraciones genéticas, los tratamientos tradicionales siguen siendo la opción con más probabilidades. La idea clave es que hay un margen real de trabajo previo en muchos hombres, y que la naprotecnología y otros enfoques restaurativos pueden ser un primer paso sensato antes de pasar al laboratorio.

El especialista, el doctor Miguel Ángel Rodríguez Mena, opina sobre los mitos alrededor de tratamientos novedosos y exitosos como la naprotecnología:

Sobre la alternativa de la inteligencia artificial aplicada al éxito en la fertilidad masculina, esto debes saber, según la opinión de la dra. Marlene Zamora:

6. ¿Qué miedos tienen los hombres que no se atreven a decir ni siquiera en consulta médica?

Muchos hombres llegan a un diagnóstico con miedos que casi nunca dicen en voz alta, ni siquiera en consulta, porque sienten que no “deberían” tenerlos o que van a sonar débiles. Uno de los más comunes es el miedo a dejar de ser vistos como hombres completos, a que algo tan íntimo redefina su identidad. No siempre se formula así; a veces es solo una sensación de encogerse, de perder lugar. También está el miedo a ser reemplazables. La idea silenciosa de que, si el problema está en ellos, su pareja estaría mejor con otro. No suele decirse porque da vergüenza y porque duele más de lo que parece.

Muchos temen decepcionar, no solo a la pareja, sino a la familia, al entorno, a esa imagen interna de proveedor o pilar. Y junto a eso aparece el miedo a no poder sostener emocionalmente la situación, a romperse si se permiten sentir demasiado. Otro miedo muy callado es el de quedar atrapados en un proceso médico interminable, lleno de pruebas, tiempos de espera y decisiones que no controlan. Sentirse a merced del cuerpo y del sistema asusta, pero pocos lo reconocen. Y, al fondo de todo, suele estar el miedo a no saber quiénes son si esto no se resuelve como esperaban. No poder nombrarlo no lo hace desaparecer; solo lo vuelve más pesado.

7. ¿Los hombres estamos relegados a la prevención médica en fertilidad?

En la CDMX, aunque existe mayor acceso a servicios de salud y clínicas especializadas, los hombres siguen en parte relegados en la prevención médica de la fertilidad. Socialmente, la salud reproductiva continúa enfocándose más en las mujeres, mientras que muchos hombres no acuden a revisiones preventivas por factores culturales como el machismo, la desinformación y la baja cultura del autocuidado. A pesar de que la capital cuenta con más campañas y opciones médicas que otras regiones del país, la fertilidad masculina aún no se visibiliza lo suficiente en el debate público. Aunque la responsabilidad es compartida en pareja, en la práctica el peso social sigue recayendo más en la mujer, aunque poco a poco comienza a generarse mayor conciencia en entornos urbanos como la Ciudad de México.

La doctora Marlene Zamora responde:

8. Mi pareja ya tuvo hijos en el pasado y yo también, ¿eso significa que el problema tiene que ser mío ?

No necesariamente. Que tu pareja haya tenido hijos antes no significa automáticamente que el problema sea tuyo. La fertilidad no es algo fijo: cambia con la edad, el estado hormonal, el estrés, el peso, las enfermedades, las cirugías previas o incluso infecciones pasadas. Una persona puede haber sido fértil hace años y no serlo en el momento actual, o tener ahora un problema distinto (por ejemplo, endometriosis, alteraciones ovulatorias o cambios en la calidad del semen).

Además, muchas dificultades para concebir no están solo en uno de los dos. En un porcentaje importante de parejas hay factores mixtos: pequeños problemas en ambos que, sumados, dificultan el embarazo aunque ninguno por separado sea “grave”. Por eso, desde el punto de vista médico, siempre se estudia a los dos, incluso cuando uno ya ha tenido hijos.

Es es otro mito que el Dr. Ángel Dávalos nos explica:

Asumir que “el problema tiene que ser de uno” suele retrasar el diagnóstico real. La clave no es buscar culpables, sino entender qué está pasando ahora y tratarlo de forma conjunta.

9. Y a todo esto, ¿realmente quiero ser papá?

Cuando llevas meses de estudios, conteos bajos, vitaminas, cambios de hábitos, horarios exactos, muestras en un cuarto incómodo y llamadas que pueden cambiarte la vida… la pregunta empieza a pesar distinto. Al inicio es una ilusión. Algo que se da por hecho. Luego se convierte en agenda, en presupuesto, en decisiones médicas, en paquetes de uno, dos o tres intentos. En números: 20 mil, 80 mil, 95 mil. En comparar clínicas, en leer reseñas, en pensar si conviene cambiar, en preguntarte cuánto más están dispuestos a invertir —emocional y económicamente— en esto.

La psicóloga clinica con especialidad en psicoanálisis masculino, Angélica Sánchez, aborda el tema para esta investigación:

Ya no es solo el deseo de un hijo. Es el desgaste. Es verla a ella con inyecciones, hormonas, quirófano. Es ajustar tu trabajo, tu tiempo, tu cuerpo.  Es esperar cinco días para saber si fecundó. Es hacer cuentas antes de hacer planes. Y en medio de todo eso, puede aparecer otra capa más: ¿Y si para lograrlo tengo que aceptar que no lleve mi ADN? ¿Quiero ser padre aunque no sea como siempre lo imaginé? Ahí la pregunta deja de ser romántica y se vuelve real.

¿Quiero ser papá lo suficiente como para atravesar todo esto? ¿Lo suficiente como para seguir después de un intento fallido? Porque querer ser papá no es solo querer un bebé en brazos. Es decidir si estás dispuesto a sostener el proceso completo: la incertidumbre, el estrés, el impacto económico, las conversaciones difíciles y, si llega el momento, abrirte a otras formas de paternidad. No siempre la duda significa que ya no quieras. 

A veces significa que por primera vez estás dimensionando el tamaño de la decisión. Ser padre no debería ser una carrera contra el reloj ni una obligación por expectativa. Y si después de ver el panorama completo —los costos, los intentos, el cansancio y hasta la posibilidad de que no sea genéticamente tuyo— la respuesta sigue siendo sí, entonces no es presión. Es elección.

10. ¿Qué pasa con mi relación si el proceso no funciona y uno de los dos quiere dejar de intentarlo?

Cuando un tratamiento de fertilidad no funciona, la relación no solo enfrenta un resultado médico: enfrenta el desgaste acumulado de todo el proceso. La infertilidad, idealmente, se estudia en pareja desde el inicio. Eso significa que el impacto también es compartido. Sin embargo, la forma de vivirlo no siempre es igual.

En muchos casos, cuando el diagnóstico apunta hacia el hombre, puede aparecer una fase de negación o dificultad para aceptarlo.

A esto se suma el desgaste físico y hormonal, especialmente en tratamientos de mayor complejidad, el estrés constante de los estudios y resultados, y la presión económica. No son procedimientos baratos: pueden ir desde tratamientos de menor complejidad alrededor de 15 o 20 mil pesos, hasta fecundación in vitro o procedimientos más avanzados que rondan los 80, 90 o 95 mil pesos por intento. Decidir continuar no es solo una cuestión emocional; también implica evaluar límites financieros reales.

En los casos más complejos, cuando no es posible obtener espermatozoides y la única alternativa es recurrir a una muestra de banco, la decisión puede volverse aún más delicada. Para algunos hombres, aceptar que el hijo no tendrá su carga genética representa un punto de quiebre.

Detener el proceso no siempre significa que la relación fracase, pero sí obliga a redefinir expectativas. En muchos casos, el acompañamiento psicológico especializado en fertilidad es clave para atravesar estas diferencias sin convertirlas en reproches. La infertilidad no es solo un diagnóstico médico. Es una experiencia que pone a prueba la comunicación, los límites y la visión de futuro de la pareja.

Y cuando uno quiere seguir y el otro no, la verdadera pregunta deja de ser médica y se vuelve relacional: ¿podemos seguir caminando juntos aunque no avancemos en la misma dirección?

Sobre ello, opina el Dr. Guillermo Fonseca:

En esta segunda parte dejamos lo clínico y hablamos de lo que casi no se dice: culpa, desgaste, dinero, presión del tiempo, dudas reales sobre la paternidad y el impacto en la relación.

Si en la primera entrega entendimos las causas médicas de la infertilidad masculina, aquí enfrentamos lo que pasa cuando el diagnóstico deja de ser técnico y se vuelve personal.

Porque la fertilidad no solo se mide en estudios. Se vive en pareja. Se siente en silencio.
Y se decide con responsabilidad.

Esta serie forma parte de una red masculina de apoyo que busca abrir conversaciones necesarias, sin estigmas y con información clara.

En la tercera y última entrega cerraremos esta serie desde un ángulo inesperado: la fertilidad masculina vista desde el punto de vista de las mujeres con preguntas como: ¿Un aborto espontáneo puede ser por causas masculinas? Porque entender cómo ellas viven este proceso también cambia la conversación.

La red sigue creciendo. Y la conversación, también.

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