Hay lugares donde la historia de la Ciudad de México no está detrás de una vitrina. Está entre montañas de chiles secos, puestos de fruta, fondas, flores, carnicerías y comerciantes que conocen a sus clientes desde hace décadas.
Los mercados públicos son parte de esa memoria cotidiana. Sin embargo, cuando hablamos de mercados “centenarios” hay que hacer una distinción: una cosa es la antigüedad del edificio actual y otra la historia del mercado o de la actividad comercial que dio origen al establecimiento moderno.
Con esa precisión, estos son cinco mercados y tradiciones de mercado de la CDMX cuya historia permite viajar más de un siglo atrás.
1. Mercado 2 de Abril: más de 120 años vendiendo en la Guerrero
Este es uno de los casos más claros. El Mercado 2 de Abril fue inaugurado en 1902 y todavía funciona en la colonia Guerrero.
La información oficial de la Ciudad de México lo señala además como el primer mercado de la etapa moderna de la capital diseñado y construido específicamente para funcionar como mercado público.
Su nombre recuerda la batalla del 2 de abril de 1867, en la que las fuerzas republicanas encabezadas por Porfirio Díaz derrotaron a las tropas que defendían al Segundo Imperio en Puebla.
Más de un siglo después de su apertura, el mercado conserva alrededor de un centenar de comerciantes y continúa siendo un punto de encuentro del barrio.
No tiene las dimensiones de La Merced ni la fama turística de San Juan. Precisamente por eso resulta interesante: mantiene el carácter de un mercado tradicional de barrio en pleno corazón de la ciudad.
Dato para recordar: abrió en 1902. En 2026 cumple aproximadamente 124 años de historia.
2. La Merced: el gigante comercial que nació en el siglo XIX
La historia de La Merced es mucho más antigua que las enormes naves que conocemos actualmente. El INAH documenta que en 1880 se construyó el Mercado de La Merced, llamado así por haber sido levantado en terrenos vinculados con el antiguo convento de los mercedarios.
Para la década de 1890 ya era considerado el principal centro de abasto de la Ciudad de México. Y durante décadas fue el gran corazón de la distribución de alimentos y mercancías de la capital.
La Merced que vemos hoy es producto de posteriores reconstrucciones y transformaciones urbanas. Por eso no debe afirmarse que sus actuales naves tengan más de 140 años. Lo centenario es la historia del mercado y su función como centro de abasto.
Y esa historia todavía puede sentirse caminando por el barrio: frutas, verduras, chiles, semillas, dulces, utensilios, comida preparada y miles de productos continúan circulando por una zona cuya identidad está ligada al comercio.
Dato para recordar: el Mercado de La Merced documentado por el INAH fue construido en 1880.
3. Mercado de San Cosme: una historia que comienza en 1902
Otro mercado que puede presumir una historia superior al siglo se encuentra sobre la antigua calzada México-Tacuba.
El Mercado de San Cosme abrió originalmente en 1902, entonces identificado como Mercado Número 6. Con el paso del tiempo atravesó remodelaciones y transformaciones importantes; una de las más recordadas ocurrió en 196. Su entorno también tiene siglos de historia.
San Cosme se desarrolló junto a una de las rutas más antiguas de la ciudad, la calzada México-Tacuba, y el antiguo poblado aparece ligado a esta zona desde los primeros años del periodo colonial. Hoy sigue funcionando como un mercado profundamente barrial, conocido especialmente por sus puestos de comida, garnachas, tacos, tortas y jugos.
Dato para recordar: su historia como mercado se remonta a 1902, por lo que también supera los 120 años.
4. Mercado Bugambilia: de tianguis del siglo XIX a mercado permanente
Santa María la Ribera guarda otro caso poco conocido. El Mercado Bugambilia tiene sus orígenes a finales del siglo XIX, prácticamente desde los primeros tiempos del desarrollo de la colonia.
Pero existe una particularidad importante: durante buena parte de esa historia no fue un mercado dentro de un edificio como lo entendemos actualmente.
Funcionó como tianguis callejero, instalado generalmente en el mismo lugar. Los locales permanentes actuales llegaron mucho después, alrededor de 1947.
Es un magnífico ejemplo de cómo nacieron muchos mercados capitalinos: primero aparecía la actividad comercial y los vendedores ocupaban calles o plazas; décadas después llegaba la infraestructura permanente. Por eso su valor histórico no depende únicamente de la edad de sus muros.
Dato para recordar: su tradición de mercado se remonta a finales del siglo XIX, aunque sus instalaciones permanentes son del siglo XX.
5. La antigua tradición de los mercados de Tacuba
Tacuba merece aparecer en esta historia con una aclaración fundamental. El Mercado Tacuba actual abrió en 1956, por lo que el edificio que hoy visitamos no es centenario.
Pero sustituyó a un mercado mucho más antiguo que fue demolido, según la información histórica de la propia Ciudad de México. La importancia comercial de la zona se entiende por su ubicación.
Tacuba se encuentra al extremo de la histórica calzada México-Tacuba, una vía cuyo origen se remonta a la ciudad prehispánica y que durante siglos conectó poblaciones y facilitó el movimiento de personas y mercancías.
El mercado contemporáneo heredó esa función comercial y actualmente continúa siendo uno de los principales centros de actividad del antiguo barrio.
Dato para recordar: el inmueble actual es de 1956; lo que supera el siglo es la tradición de mercado a la que sustituyó.

¿Cuál es entonces el mercado centenario más claro?
Si queremos hablar estrictamente de un mercado que abrió hace más de cien años y continúa funcionando, uno de los ejemplos mejor documentados es el Mercado 2 de Abril, inaugurado en 1902. También el Mercado de San Cosme remonta su historia formal a ese mismo año.
La Merced tiene una historia todavía anterior: el INAH documenta la construcción de su mercado en 1880, aunque las instalaciones que vemos actualmente corresponden a transformaciones posteriores.
Otros casos, como Bugambilia y Tacuba, muestran algo distinto y quizá más interesante: el mercado puede sobrevivir aunque desaparezca su edificio original.
Primero fueron tianguis y puestos callejeros. Después llegaron estructuras de hierro, grandes naves y mercados públicos modernos. Los edificios cambiaron, pero la costumbre de ir al mercado, no.
Y quizá ahí esté la verdadera historia centenaria: en una ciudad que se transforma permanentemente, todavía podemos comprar, comer y conversar en algunos de los mismos puntos donde los capitalinos comerciaban hace más de cien años.
