Puerto Rico está a punto de hacer algo poco común con Bad Bunny: dejar de mirarlo solamente como cantante y utilizarlo como espejo.
El 20 de agosto, la galería i AM Art Gallery de Santurce inaugurará Benito 100 x 35, una exposición en la que 32 artistas interpretan lo que Bad Bunny significa para el Puerto Rico contemporáneo. No se trata simplemente de pintar su rostro. Las obras abordan territorio, pertenencia, género, clase, memoria e identidad a partir del fenómeno cultural que creció alrededor del músico.
La pregunta resulta inevitable de este lado del continente: si México hiciera el mismo experimento, ¿qué artista podría servir para explicar al país que somos hoy? Peso Pluma sería difícil de ignorar.
Una primera sala dedicada a la frontera
Una exposición mexicana probablemente comenzaría con un mapa, aunque difícilmente tendría una frontera bien definida.
Los corridos tumbados surgieron precisamente de una cultura que circula entre México y Estados Unidos. Guitarras y corridos tradicionales conviven con trap, hip hop, ropa urbana y códigos visuales que pertenecen tanto a Guadalajara o Sonora como a Los Ángeles.
Investigadores de la Universidad de Guadalajara han relacionado el crecimiento del género con experiencias de migración, desigualdad, discriminación y falta de oportunidades. Esa mezcla ayuda a entender por qué los corridos tumbados pueden sonar profundamente mexicanos y, al mismo tiempo, pertenecer a una generación cuya identidad ya no termina en la frontera. Peso Pluma representa particularmente bien esa contradicción.
Del sombrero al lujo global
Otra sala seguramente estaría llena de objetos: Cadenas, ropa de diseñador, autos, billetes, tenis y lentes oscuros. No porque esos objetos expliquen por sí mismos a México, sino porque muestran cómo cambiaron algunos de sus símbolos de éxito.
Durante décadas, buena parte de la música popular mexicana construyó una masculinidad alrededor del honor, la valentía o la resistencia. Un estudio publicado en 2025 sobre rancheras y corridos tumbados señala que las nuevas canciones trasladan parte de esa demostración de poder hacia el éxito material, el consumo y la ostentación.
La exposición imaginaria no tendría entonces únicamente botas y sombreros. Tendría marcas globales, teléfonos, redes sociales y objetos de lujo, porque también México cambió.
Una sala donde desaparecen las clases sociales
Quizá una de las piezas más interesantes sería simplemente un grupo de personas escuchando la misma canción.
Los corridos tumbados dejaron de pertenecer exclusivamente a los públicos con los que originalmente se asociaban. Una investigación publicada por SciELO México describe cómo el género comenzó a circular entre sectores populares, medios y altos sin perder completamente los códigos culturales de su origen.
Eso explica una escena que hace pocos años habría parecido extraña: Peso Pluma puede sonar en una fiesta de barrio, en un antro exclusivo de Ciudad de México y en una playlist en Estados Unidos; el corrido se volvió transclasista.
México también se volvió una playlist global
Sin duda, la última sala tendría que explicar cómo algo tan local terminó viajando tan lejos. En 2024, Peso Pluma fue el séptimo artista más escuchado del mundo en Spotify, por encima de nombres como Kanye West, Ariana Grande y Feid.
Un año antes, Génesis había sido el álbum más escuchado en México y el noveno a nivel mundial en la plataforma. Spotify también lo describió como uno de los artistas latinos de crecimiento más rápido de su historia: pasó de dos millones a 50 millones de oyentes mensuales en menos de un año. Eso vuelve al fenómeno más interesante que una simple moda musical.
Durante mucho tiempo México exportó una imagen reconocible de sí mismo: mariachi, charro, tequila, rancheras. Peso Pluma no destruyó esos códigos. Los mezcló con otros hasta producir una versión distinta de mexicanidad, construida también con internet, migración, consumo global y cultura urbana.
El espejo probablemente incomodaría
Una exposición así tampoco podría ignorar la violencia, el narcotráfico y las controversias alrededor de algunos corridos. Pero reducir todo el fenómeno a eso sería perder justamente lo que habría que observar.
La investigación académica sobre el corrido recuerda que el género ha funcionado históricamente como registro de conflictos, migraciones, violencia y transformaciones sociales. Los corridos tumbados son otra mutación de esa tradición. Por eso quizá la pregunta más interesante no sería qué dice Peso Pluma sobre México. Sería por qué millones de mexicanos reconocieron algo propio en lo que canta, viste y representa.
Puerto Rico utilizará a 32 artistas para mirar a Bad Bunny y preguntarse quiénes son. Si México hiciera lo mismo con Peso Pluma, posiblemente la exposición no terminaría explicándonos al cantante, terminaría explicándonos a nosotros.