La gira Ecos arrancó en Argentina y Chile con una promesa poderosa: revivir la experiencia de Soda Stereo en escenario. El regreso de Zeta Bosio y Charly Alberti, junto a una recreación digital de Gustavo Cerati mediante inteligencia artificial, generó una reacción inmediata. Muchos sienten que están viendo realmente al grupo. Sin embargo, cuando se deja de lado la emoción, aparece una conclusión distinta: no es un concierto de Soda Stereo en vivo, porque Cerati murió hace más de diez años y su presencia actual es una simulación tecnológica.
Qué está pasando realmente en un concierto de Soda Stereo en 2026
Pero el holograma de Cerati no es un video ni una simple proyección. Es una combinación de IA, 3D, captura de movimiento y sistemas derivados de técnicas clásicas como Pepper’s Ghost, hoy potenciadas por procesamiento en tiempo real.
Este tipo de desarrollo está probado. ABBA Voyage utilizó más de 160 cámaras y años de captura de movimiento para crear versiones digitales capaces de sostener un espectáculo completo. Otro antecedente mediático fue Tupac en Coachella (2012). Lo que vemos ahora es distinto: integración entre simulación, iluminación y espacio. En Ecos, la figura digital responde a la luz como un cuerpo físico. El resultado no es perfecto, pero sí tan consistente como para ser procesado como presencia, algo estudiado en teorías de integración multisensorial.
Lo que es y lo que no es Ecos
Para evitar ambigüedad, hay que definir el punto central: “presencia” implica ejecución en tiempo real, capacidad de variación, interacción con el entorno y posibilidad de error.
Esto no es una interpretación en vivo. No hay interacción ni ejecución. Es una simulación corporal con datos, sincronizada con músicos reales. Cerati no decide ni responde a lo que ocurre en escena. No hay margen de variación. Todo lo que “hace” ya ocurrió y fue fijado como dato. Esa diferencia es clave: no es presencia real, es reproducción. Llamar a esto Soda Stereo responde más a nostalgia y lógica comercial.
La lógica es consistente: la industria ya no depende solo de la presencia del artista, sino de su archivo —cuerpo digitalizable, voz registrable, comportamiento replicable—.
Por qué funciona Ecos
Que no sea real no significa que no funcione. El sistema está diseñado para cerrar la brecha entre lo que el espectador ve y lo que sabe. Cuando esta desaparece, la percepción prioriza coherencia sensorial sobre verificación racional.
Estudios en percepción y realidad virtual (como el de Lombard & Ditton) han demostrado que la coherencia multisensorial puede generar sensación de presencia incluso cuando se sabe que es simulación. Lo que cambia ahora es la escala: ya no es experimental, es comercial.
Para entender este cruce entre tecnología y arte, hablamos con Omar Guerra —artista mexicano con trayectoria en arte digital y música, vinculado al entorno creativo de Cerati—. Su postura es directa: la tecnología, cuando amplifica una experiencia real, suma; cuando intenta reemplazarla, cambia su sentido. «Vivimos un momento en el que la “realidad” se vuelve cada vez más difícil de identificar. La llegada de la inteligencia artificial no solo amplía nuestras posibilidades, también diluye los límites»
Si esto se presentara como un espectáculo tecnológico basado en Soda Stereo, no habría conflicto. Este aparece cuando se instala la idea de que esto es Soda Stereo en vivo. Porque no lo es. Aceptar esa equivalencia implica desplazar el criterio de presencia desde la ejecución hacia la percepción: ya no importa si ocurre si se percibe como si ocurriera.
Lo que viene
Esto no se va a detener. Vamos a ver más artistas recreados y experiencias donde la validación no vendrá del hecho, sino de su efecto: si genera la misma respuesta emocional, será tratado como igual. La pregunta ya no es si esto es válido, sino qué estamos dispuestos a aceptar como real (y no, no estamos en un capítulo de Black Mirror)
La tecnología puede reemplazar lo que ya no existe o abrir nuevas formas de creación. La diferencia no es técnica, es conceptual.
En Interesante vamos a seguir cómo evoluciona esto, su normalización y qué cambia en la forma en que entendemos la música. El tema ya no es si veremos más casos así, sino hasta dónde llegarán. El futuro ya empezó.