Durante Mexico Tech Week 2026, Elías Zacarías se coloca frente a un lienzo con un visor de realidad virtual. Primero dibuja en el espacio digital, después traslada las líneas a la tela y comienza a pintar. En redes sociales hay quienes cuestionan su técnica con una acusación sencilla: “Estás calcando”. Él conoce la crítica, juega con ella y tiene una respuesta inesperada: invitar al público a tomar el pincel.
La escena ocurre en Taninart Bar, durante Wine, Art & Technology Networking, un encuentro celebrado el 30 de octubre que reunió vino, realidad virtual y pintura en vivo. Zacarias presenta una exposición sobre inteligencia artificial, redes sociales e identidad digital. Aunque esa noche reconoce entre risas que no llevó suficientes colores, tiene algo que le interesa mucho más: provocar una conversación.
“Experimento y trabajo con conceptos que desarrollo junto con el público”, explica para interesante.com.
Su relación con la tecnología comenzó mucho antes de que ChatGPT entrara en nuestras conversaciones. De niño hacía páginas web con GIFs en una plataforma de Yahoo. Después estudió diseño interactivo, programación y modelado 3D. Incluso construía imágenes mediante código y robots capaces de dibujar.
La serie que presenta nació de un boceto de hace aproximadamente quince años: la cara de un robot. Hoy recupera aquellos dibujos, algunos inspirados en grafitis y arte visionario, y le pide a la inteligencia artificial que imagine nuevos personajes.
“Agarra estos bocetos y hazme nuevos personajes”. Después utiliza tecnología como Meta Quest para trasladar las imágenes al lienzo, donde interviene con pintura. También alimenta la IA con textos antiguos de sus redes sociales, genera narraciones con su voz clonada y produce música digital para acompañar el proceso.

Cuando el espectador toma el pincel
Mientras algunos discuten cuánto trabajo hace realmente el artista, Zacarias recuerda una experiencia en Plaza Mitikah que cambió su manera de compartirlo.
Había preparado un lienzo de 2 x2 metros. Unos amigos tocaban música experimental y, en determinado momento, decidió invitar a los asistentes a pintar.
“Y se volvieron locos”, recuerda. Pintaron los costados, la parte trasera y prácticamente cualquier espacio disponible.
En otra actividad, frente a un grupo de ingenieros, la participación fue más reservada. De aquella experiencia quedó un gorila con bigotes y varias intervenciones del público.
Pero hubo una reacción que le interesó especialmente. Una persona había pensado que pintar era demasiado fácil. Cuando finalmente tomó el pincel, descubrió lo difícil que podía resultar enfrentarse a una superficie vacía.
“Ahí dejé el juicio aparte”, recuerda Zacarías al reconstruir aquella experiencia.
A veces basta sostener un pincel para cambiar la mirada.
Esa relación con el error también atraviesa su trabajo tecnológico. Antes de utilizar inteligencia artificial, alteraba deliberadamente sus robots de dibujo para producir fallas visuales.
“El azar altera tu obra y puedes evolucionar con ese azar”, explica.
Ahora planea llevar sus personajes a esculturas mediante modelado 3D, impresión en resina y máquinas CNC. La tecnología seguirá entrando y saliendo de su taller.
“En el arte hay como que la odian, pero yo no”, dice sobre la inteligencia artificial. “Yo la verdad tengo de esos dos mundos, de lo digital y lo análogo”.
Quizá por eso, cuando alguien vuelve a acusarlo de calcar, su respuesta termina siendo tan sencilla. Le ofrece un pincel y deja que descubra qué sucede cuando la siguiente línea depende de su propia mano.

