México comienza a utilizar inteligencia artificial, imágenes satelitales y analítica avanzada para procesar información sobre calidad, demanda y condiciones del agua. México comienza a utilizar inteligencia artificial, imágenes satelitales y analítica avanzada para procesar información sobre calidad, demanda y condiciones del agua.

La inteligencia artificial ya empezó a leer el agua de México

Millones de registros, imágenes satelitales y modelos climáticos empiezan a utilizarse para entender qué ocurre con el agua en México. En Interesante analizamos cómo la inteligencia artificial está entrando en una de las infraestructuras más importantes y sensibles del país.

La inteligencia artificial ya no sólo está aprendiendo a escribir, generar imágenes o responder preguntas. En México también está empezando a leer el agua.

No literalmente, pero lo que observa son millones de datos que durante años han descrito lo que ocurre en ríos, presas y otros cuerpos de agua: cambios en su calidad, posibles riesgos de contaminación, demanda industrial y transformaciones ambientales que pueden resultar difíciles de detectar rápidamente cuando se revisan de forma convencional.

El 18 de septiembre, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el International Water Management Institute (IWMI) firmaron un convenio específico para desarrollar herramientas que combinan inteligencia artificial, observación satelital y analítica avanzada.

El proyecto cuenta con apoyo de Google.org y está alineado con el Programa Nacional Hídrico 2026-2030. Sin embargo, lo más interesante no es la firma, es que algunas de esas herramientas ya comenzaron a producir resultados.

Inteligencia artificial para analizar siete millones de registros de agua

Uno de los primeros trabajos se realizó con información de la Red Nacional de Medición de Calidad del Agua. Conagua e IWMI utilizaron analítica avanzada para automatizar parte de la revisión de datos provenientes de cerca de 5 mil sitios de monitoreo.

La base analizada reúne alrededor de siete millones de registros obtenidos entre 2012 y 2024.

La herramienta permite aplicar reglas de validación, revisar la congruencia técnica de los datos e identificar tendencias o posibles anomalías. Con ello se busca agilizar una tarea que implica procesar grandes volúmenes de información.

Sin embargo, la revisión final continúa a cargo de especialistas. La inteligencia artificial funciona como apoyo para ordenar y analizar los registros, pero no sustituye la evaluación técnica sobre la calidad del agua. Su principal función, en este caso, es reducir el tiempo necesario para detectar datos que requieren una revisión más detallada.

Los satélites también están mirando Valle de Bravo

El proyecto también contempla el monitoreo de Valle de Bravo y Valsequillo, donde se desarrolló un sistema satelital con actualizaciones semanales para dar seguimiento a nueve parámetros relacionados con la calidad del agua.

La información obtenida permite detectar con mayor anticipación posibles cambios o riesgos de contaminación en ambos embalses.

Otra de las herramientas utiliza imágenes satelitales para identificar la presencia de lirio acuático cada 15 días. Además, se analiza la vegetación ubicada en las riberas con el objetivo de detectar cambios que puedan indicar procesos de degradación.

Con estos sistemas, parte de la vigilancia de presas y cuerpos de agua puede realizarse de manera remota y complementarse con la inteligencia artificial.

Valle de Bravo y Valsequillo forman parte de los cuerpos de agua donde se desarrollan herramientas de monitoreo satelital con actualizaciones periódicas.
Valle de Bravo y Valsequillo forman parte de los cuerpos de agua donde se desarrollan herramientas de monitoreo satelital con actualizaciones periódicas. Foto: Canva

La IA también está calculando quién necesita agua

Otra línea de trabajo se concentra en el uso industrial del agua. Para este análisis fueron mapeadas 60 mil 958 instalaciones, con información que permite realizar estimaciones y proyecciones a nivel municipal de acuerdo con el sector industrial al que pertenece cada una.

En la cuenca Lerma-Santiago también se analizaron más de 3 mil tramos fluviales a partir de ocho modelos climáticos y tres escenarios distintos. El objetivo es contar con más elementos para anticipar posibles cambios en la disponibilidad y las condiciones del agua.

Estos análisis pueden servir para identificar zonas con mayor presión sobre el recurso, detectar áreas que requieren atención y orientar acciones de gestión.

Inteligencia artificial aplicada a servicios públicos

El uso de este tipo de herramientas no se limita al sector hídrico. En distintos puntos del país ya se desarrollan proyectos que utilizan algoritmos y análisis de datos para atender problemas de movilidad, salud, medio ambiente y gestión urbana.

En el caso de Conagua, la inteligencia artificial, las imágenes satelitales y los modelos de análisis se incorporan como herramientas de apoyo para procesar grandes cantidades de información y facilitar su consulta.

Su uso también implica mayores controles sobre la calidad de los datos y los resultados obtenidos, especialmente cuando la información puede influir en decisiones relacionadas con infraestructura, recursos públicos o atención de riesgos.

Por ello, el proyecto mantiene la revisión de especialistas antes de utilizar los resultados como parte de una decisión técnica.

La automatización permite reducir tiempos de análisis, pero la interpretación y validación de la información continúa en manos de personal especializado.

México está construyendo una nueva forma de observar su territorio

Las herramientas desarrolladas junto con personal de Conagua deberán estar concluidas a más tardar en diciembre. A partir de sus resultados, algunas de ellas podrían replicarse o ampliarse hacia otras áreas de la gestión hídrica.

Por ahora, se trata de un proyecto en desarrollo y no de un sistema que opere de manera automática la administración del agua en el país.

La apuesta está en utilizar datos, imágenes satelitales y modelos de análisis para complementar los sistemas tradicionales de monitoreo y facilitar la detección de patrones, anomalías o cambios que requieren atención.

Estas herramientas no resuelven por sí mismas los problemas de disponibilidad o calidad del agua, pero pueden aportar información con mayor rapidez para respaldar el trabajo técnico y la toma de decisiones.

El siguiente paso será evaluar qué tan precisos resultan estos sistemas en la práctica y hasta dónde pueden incorporarse a otras tareas de Conagua.

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