Cine vertical y microcine con IA: el nuevo ritmo de la pantalla

La inteligencia artificial no está reemplazando el rodaje, está moviendo el cine a otro nivel.

El cine vertical no está cambiando solo el formato: está moviendo la producción fuera del set y hacia etapas anticipadas donde la inteligencia artificial permite decidir, construir y ajustar antes de filmar.

Lo que antes se resolvía en el set —escenografía, atmósfera, condiciones visuales— ahora llega definido desde etapas previas. No es una sustitución del rodaje, sino un desplazamiento de peso dentro del proceso.

“Principalmente escenografía. Los exteriores, fachadas, coches, todo eso se hizo con IA en pantalla”, explica Pablo Garza Segovia, quien trabaja directamente en este tipo de producciones en la CDMX.

Construir antes de filmar

Ese cambio se vuelve más claro cuando se cruza con el ritmo del formato. Si los tiempos de producción son más cortos y las ventanas de consumo más rápidas, anticipar deja de ser una ventaja y se vuelve una condición operativa.

En ese contexto, la IA funciona como un sistema de previsualización y ajuste. Permite aislar elementos, modificar fondos, editar desde texto o proponer mezclas base sin tener que pasar por procesos largos. También adelanta tareas que antes ocurrían después del rodaje, como la corrección de color, el doblaje o la adaptación a formatos.

El resultado no es automatización total, sino un corrimiento: muchas decisiones ya no se toman durante o después de filmar, sino antes. Eso comprime el proceso y redefine dónde ocurre el trabajo creativo. El cine vertical no solo cambia la narración, sino también la cadena de producción

En ese flujo aparecen sistemas que ya son parte del día a día en producción. Software como Runway permite aislar elementos o modificar fondos sin tener que trabajar cuadro por cuadro; herramientas como Descript convierten el video en texto y permiten editar desde ahí; programas de audio como Izotope proponen mezclas base automáticamente; y plataformas como Premiere o Movavi automatizan tareas como cortes, subtítulos o adaptación a distintos formatos.

Nada de esto elimina el trabajo, pero sí cambia dónde ocurre y cómo se distribuye. Parte de lo que antes implicaba equipos completos ahora pasa por sistemas que proponen versiones iniciales sobre las que se trabaja después.

Producción sin fricción

Ese desplazamiento responde también a una lógica más amplia del formato. “No estamos intentando inventar algo nuevo… estamos produciendo contenido a la altura de una pantalla que la gente ya usa todos los días”, dice Garza. En ese contexto, la producción deja de ser un obstáculo técnico y se vuelve una condición operativa. Lo importante no es solo hacer, sino hacerlo dentro del ritmo que exige el consumo.

Lo que la inteligencia artificial todavía no permite

Pero ese modelo también introduce restricciones propias. “Hay cosas que no puedes hacer… no puedes usar sangre, no puedes usar niños”, explica Garza. En la práctica, esas limitaciones obligan a volver a soluciones físicas. En una escena de nacimiento, por ejemplo, no fue posible intervenir ciertos momentos con IA, por lo que tuvieron que usar un muñeco real.

Aquí aparece otro tipo de condicionante: no todo lo que se puede imaginar se puede producir dentro de estos sistemas. Las reglas ya no dependen solo del presupuesto o del rodaje, sino de lo que las herramientas permiten generar.

Eso revela que, aunque la producción se desplace hacia lo digital, no se vuelve completamente flexible. Cambia de límites, no los elimina.

Un sistema que aún no se define

“Hoy no hay una regulación clara”, dice Garza. Sin embargo, eso no significa que no existan límites, sino que todavía no están formalizados del todo. Operan, pero no siempre son visibles.

En ese contexto, la producción deja de negociar únicamente con lo físico —locaciones, tiempos, recursos— y empieza a incorporar otro tipo de condicionantes, relacionados con el funcionamiento de las herramientas mismas.

Lo que viene

Para Garza, estos límites no necesariamente son permanentes.

A medida que la industria se involucre más y que los grandes estudios o plataformas empiecen a presionar o modificar las reglas, lo que hoy está restringido podría cambiar, y pronto llegaría a México.

El uso de inteligencia artificial en este tipo de producciones no apunta a sustituir el cine… por ahora “Es otra herramienta artística que se adapta a las pantallas que usamos hoy”.

Permite acelerar etapas, anticipar decisiones y reducir fricción técnica, pero también introduce nuevas condiciones sobre lo que se puede hacer. En ese equilibrio entre lo posible y lo permitido es donde se está definiendo cómo se produce este tipo de contenido hoy.

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