Una fotografía puede bastar para mostrarte en segundos cómo podría verse una nueva sonrisa. Un escáner puede reemplazar aquella pasta que había que morder para obtener un molde de los dientes. Y una corona que antes requería varios procesos manuales puede diseñarse digitalmente y, en determinados casos, fabricarse en cuestión de horas.
No es una demostración de tecnología del futuro, la inteligencia artificial y otras herramientas de odontología digital ya están entrando a consultorios de la Ciudad de México.
Aunque no todo lo digital es inteligencia artificial. Los escáneres intraorales, los sistemas CAD/CAM para diseñar y fabricar restauraciones y algunas tecnologías de navegación quirúrgica pertenecen a un ecosistema más amplio de odontología digital. La IA aparece, sobre todo, cuando un software analiza información, reconoce patrones, genera propuestas o ayuda a tomar decisiones. La Dra. Liliana Bueno, cirujana dentista, especialista en endoperiodontología e implantología, y fundadora de Dental Bueno está viviendo esa transición desde dentro.
“Antes nosotros lo teníamos que estar pintando, haciéndolo, poniéndole los dientitos. Era muy complejo hacer un diseño de sonrisa. Hoy, en cuestión de segundos, hay programas que nos ayudan a hacer un diseño en 3D para que el paciente vea cómo va a quedar”, explica en entrevista con Interesante.
De los moldes de yeso al escáner 3D en CDMX
Uno de los cambios más visibles ocurre incluso antes de que comience el tratamiento. Bueno recuerda que anteriormente había que tomar una impresión de la boca, vaciarla en yeso y mandar físicamente el modelo al laboratorio. Ahora utiliza escáneres intraorales capaces de generar una representación tridimensional de la boca que puede enviarse digitalmente.
“Todo viaja digital. El laboratorio lo recibe en el mismo momento que nosotros lo estamos mandando y están trabajando inmediatamente con el paciente”, explica.
Los escáneres intraorales pueden reducir pasos y resultar más cómodos para muchos pacientes, aunque no sustituyen con la misma precisión a las impresiones convencionales en todos los tratamientos y situaciones clínicas.
La digitalización también puede ser relevante para pacientes que llegan a CDMX desde otros países y cuentan con pocos días para completar un procedimiento.
Bueno cuenta que recibe pacientes procedentes de Estados Unidos y otros lugares del extranjero y que, cuando el caso y el equipamiento lo permiten, el flujo digital puede hacer posible entregar una corona el mismo día. Antes, explica, el proceso podía prolongarse hasta una semana.
La tecnología añade así otra variable al llamado turismo dental: no solamente cuánto cuesta atenderse en una ciudad, sino cuánto tiempo necesita permanecer en ella un paciente.
La robótica también entra a la cirugía de implantes
El siguiente cambio es menos visible para el paciente, pero potencialmente más profundo. Liliana coloca implantes dentales y sigue el desarrollo de sistemas robóticos capaces de asistir al profesional durante estas intervenciones.
“Ya hay robots que tú diriges, pero el robot te coloca el implante dental. Por medio de una tomografía analiza exactamente dónde tienes que perforar y cómo lo tienes que hacer”, explica.
Estos sistemas pueden utilizar imágenes tridimensionales, como tomografías de haz cónico, y una planificación digital previa para guiar la posición y el ángulo del implante.
Incluso cuando se habla de sistemas robóticos “autónomos”, eso no significa que exista un dentista robot tomando por sí solo todas las decisiones clínicas, el procedimiento sigue requiriendo planificación, supervisión y personal capacitado.
La investigación clínica ya empieza a medir sus resultados. Revisiones recientes han encontrado que la cirugía robótica puede conseguir una alta precisión en la colocación de implantes y, en varios estudios, reducir las desviaciones frente a la técnica a mano alzada.
Pero todavía existen límites: los equipos pueden ser costosos, requieren capacitación y añaden complejidad al procedimiento. Además, buena parte de la evidencia disponible sigue concentrada en resultados de corto plazo.
Por ahora, el cambio se parece menos a sustituir al dentista y más a darle herramientas capaces de planear y ejecutar determinadas tareas con niveles de precisión difíciles de reproducir únicamente con las manos.
“Está creciendo más rápido de lo que nosotros podemos aprenderla”
Ahí aparece una contradicción interesante: incluso quienes están incorporando estas herramientas tienen dificultades para seguir la velocidad con la que evolucionan. Bueno acaba de cursar un diplomado en inteligencia artificial y asegura que constantemente aparecen nuevos programas para diagnóstico, diseño y planificación de tratamientos.
“Todos los días hay algo nuevo, algo interesante. Para mí está creciendo más rápido de lo que nosotros podemos aprenderla”, reconoce.
En su clínica llevan alrededor de seis meses alimentando y corrigiendo un sistema utilizado para responder a pacientes, y todavía falla.
“El paciente quiere que lo apapaches, que lo consientas, que le hables bonito y la inteligencia artificial no lo hace. Si no la tenemos bien alimentada, en lugar de ganar al paciente lo perdemos”, cuenta.
Por eso hay situaciones en las que todavía prefieren que responda una persona. La experiencia también expone otra cara de la adopción de IA: instalar una herramienta no significa que funcione correctamente desde el primer día. Hace falta configurarla, revisar sus respuestas y decidir qué tareas vale la pena automatizar.
La IA puede ayudar a diagnosticar, pero el dentista sigue teniendo la última palabra
La misma frontera aparece cuando se trata del diagnóstico. La IA ya puede analizar imágenes dentales, detectar determinados patrones y servir como apoyo en la planificación de tratamientos. La evidencia científica muestra resultados prometedores en distintas tareas de diagnóstico por imagen, aunque también advierte que muchos sistemas todavía necesitan validación clínica más amplia antes de utilizarse de manera generalizada.
“Muchas veces podemos preguntarle a la inteligencia artificial, pero al final nosotros tenemos la última palabra”, afirma Bueno.
Y el paciente conserva una decisión fundamental: aceptar o rechazar el tratamiento que se le propone.
Quizá por eso el consultorio dental resulta un buen lugar para observar cómo será nuestra convivencia cotidiana con la inteligencia artificial.
En CDMX ya es posible encontrar escáneres que convierten una boca en un modelo tridimensional, software que ayuda a visualizar una sonrisa antes del tratamiento, sistemas digitales para fabricar restauraciones y herramientas que asisten en la planificación de intervenciones. Si bien, no todas son inteligencia artificial. Pero, juntas, muestran cómo está cambiando la práctica dental.
Detrás de ellas todavía hay alguien que debe interpretar la información, detectar errores, conocer al paciente y decidir cuándo confiar, y cuándo noen lo que propone una máquina.
El dentista del futuro no parece estar llegando para sustituir al que conocemos. En algunos consultorios de CDMX, ya es ese mismo dentista aprendiendo a trabajar con máquinas y programas que evolucionan más rápido de lo que puede estudiarlos.