«Lo que más me piden las empresas de tecnología es humanidad». La frase de Regina Bonifasi, actriz, cineasta y directora guatemalteca radicada en México, resume una de las contradicciones del futuro creativo: mientras las herramientas tecnológicas avanzan y automatizan procesos, las industrias parecen necesitar cada vez más aquello que las máquinas no pueden sustituir fácilmente: la experiencia humana.
La reflexión surgió durante el encuentro El futuro de la industria creativa, realizado el 29 de octubre en Fifty Fifty, ubicado en la colonia Roma Norte de Ciudad de México, como parte de Mexico Tech Week 2026. Moderado por Pamela Haro, el panel reunió a representantes del teatro, el cine, la música y el emprendimiento tecnológico para analizar cómo la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando las formas de crear, producir y conectar con el talento
La conversación no apuntó a una sola respuesta. Más bien, mostró que el desafío no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en encontrar modelos que permitan aprovecharlas sin perder de vista a quienes hacen posible la creación.
El talento artístico fuera de los escenarios
Bonifasi, con dos décadas de trayectoria y fundadora de Spirit Producciones, ha llevado su trabajo más allá de las artes escénicas. Como diseñadora de experiencias, colabora con empresas, instituciones educativas y organizaciones para incorporar procesos creativos en otros ámbitos.
Desde esa experiencia, considera que los artistas tienen un papel relevante en la transformación tecnológica, precisamente porque su trabajo consiste en explorar qué significa ser humano.
«Somos genios que estamos a punto de ser descubiertos en un mundo que nos necesita», planteó durante el encuentro.
Su reflexión también recuperó una pregunta histórica: ¿qué entendemos por arte cuando cambian las herramientas para producirlo? Bonifasi recordó que la Revolución Industrial modificó la relación entre producción, trabajo manual y creación artística, además de transformar la definición de lo artesanal.
La inteligencia artificial vuelve a poner esa discusión sobre la mesa. Sin embargo, para la directora, el futuro no debería consistir en convertir a las personas en máquinas, sino en recuperar el espacio para desarrollar capacidades humanas.

Crear música ya no requiere saber tocar un instrumento
Esa transformación también atraviesa la industria musical. Juan Elías, compositor, productor y emprendedor tecnológico argentino, fundador y CEO de Auribus, conoce el sector desde la creación artística y el desarrollo de herramientas digitales. Antes trabajó como creador para Pandora y SiriusXM.
Durante su intervención, señaló que el streaming modificó la relación del público con la música. Antes, comprar un disco implicaba acercarse a su producción, reconocer a los músicos y descubrir quiénes participaban en cada grabación. Ahora, el acceso inmediato a millones de canciones ha cambiado la percepción de su valor.
«De a poco, lamentablemente, la música va perdiendo un poco de valor», expresó.
La inteligencia artificial añade otra dimensión: una persona sin conocimientos instrumentales puede escribir una instrucción y obtener una canción que considere propia. Elías no descartó esa posibilidad; por el contrario, dijo celebrarla como una nueva forma de expresión.
La pregunta está en cómo integrar a los artistas en los modelos de negocio que surjan de estas herramientas. Para el emprendedor, parte del trabajo de empresas como Auribus consiste precisamente en incorporar al factor humano en los mecanismos de monetización.

Latinoamérica busca un lugar en el mercado global
La discusión sobre el futuro creativo también pasa por la distribución y el alcance de los contenidos. Stella Aguirre, actriz, productora y emprendedora, CEO y cofundadora de Audición y Fil Mentorama, presentó una perspectiva sobre las oportunidades que existen para la producción latinoamericana.
Aguirre explicó que el consumo cultural ha cambiado conforme las audiencias migran y buscan historias, música y contenidos que reflejen sus lugares de origen. En ese contexto, el dominio histórico de Estados Unidos en el mercado internacional ha disminuido, mientras otras regiones han ganado espacio.
Su argumento apunta a una oportunidad para Latinoamérica: existe demanda de contenidos locales y regionales que todavía no está cubierta por la producción disponible.
La dimensión del reto también está en el desequilibrio entre quienes quieren trabajar en el sector y los empleos que existen. Aguirre señaló que hay una gran cantidad de personas dedicadas a actividades creativas frente a una oferta laboral limitada. Para la región, ampliar la producción y encontrar nuevos mercados podría abrir oportunidades.

El teatro mexicano tiene oferta, pero necesita espectadores
En el teatro, el problema no es necesariamente la falta de propuestas. Ana Kupfer, productora teatral y directora general de Cooper Producciones, con experiencia en cine y teatro, destacó el crecimiento de la oferta escénica mexicana y el trabajo de artistas que generan sus propios proyectos.
Cooper ha participado en producciones como Indecente, Ángeles en América, Mabel y Anatomía de un suicidio. Desde su experiencia, considera que México cuenta con teatro de gran calidad durante toda la semana, aunque la difusión y la llegada al público siguen siendo obstáculos.
«Hay teatro de lunes a domingo de extraordinaria calidad que se puede ver toda la semana y que […] le hacemos competencia a cualquier país del mundo», afirmó.
La productora también señaló que los estímulos y apoyos disponibles no han crecido al mismo ritmo que las necesidades del sector. Así, la calidad artística convive con dificultades para promocionar las obras y competir por la atención de los espectadores.
Una industria que también genera empleos
La creatividad no solo produce experiencias culturales: también moviliza recursos y empleos. Guillermo Saldaña, actor, productor y director de escena, actualmente dirige la Comisión de Filmaciones de la Ciudad de México, desde donde impulsa la actividad audiovisual en la capital.
Durante el panel, mencionó que la industria genera alrededor de 500 millones de dólares en gasto directo en la ciudad y aproximadamente 120 mil empleos directos temporales. También afirmó que cerca de 70 por ciento del presupuesto gastado localmente se destina a proveedores y servicios.
Saldaña destacó que la diversidad arquitectónica y urbana de la capital permite que funcione como escenario para historias ambientadas en otras ciudades y épocas. Como ejemplos, mencionó producciones internacionales y proyectos vinculados con figuras como Pedro Pascal, Lady Gaga y Tim Burton.
Para el funcionario, el sector audiovisual representa alrededor de 12 por ciento del producto interno bruto de la Ciudad de México, una cifra que dimensionaría su relevancia económica y la cantidad de personas que dependen de esta actividad.
Más allá de las cifras, su intervención permitió ampliar la conversación sobre el futuro creativo: el cine y la producción audiovisual no son únicamente expresiones culturales, sino actividades que también generan trabajo, inversión y oportunidades para distintos sectores.

¿Qué futuro se está construyendo?
Las perspectivas de los cinco participantes muestran que la transformación creativa no tiene una sola dirección. La inteligencia artificial amplía las posibilidades de producir; el talento artístico puede aportar nuevas formas de pensamiento a las empresas; Latinoamérica busca mayor presencia en el mercado global, y sectores como el teatro necesitan fortalecer su relación con las audiencias.
La tecnología puede facilitar la creación, pero no resuelve por sí sola los problemas de financiamiento, distribución, reconocimiento y remuneración. Tampoco garantiza que una obra encuentre a las personas para las que fue concebida.
Quizá el futuro de las industrias creativas dependa menos de quién tenga las herramientas más avanzadas y más de cómo se utilicen para construir oportunidades. Porque, incluso en un mundo capaz de producir contenido a partir de una instrucción, todavía queda una pregunta esencial: ¿qué historias vale la pena contar y quién podrá vivir de contarlas?

