La cartera, las llaves y las tarjetas comienzan a compartir espacio con un solo dispositivo: el teléfono inteligente. La cartera, las llaves y las tarjetas comienzan a compartir espacio con un solo dispositivo: el teléfono inteligente.

10 objetos que serán piezas de museo antes de 2035

La cartera, las llaves, la tarjeta SIM y otros objetos cotidianos podrían convertirse en piezas de museo antes de 2035. Estas son las señales que muestran cómo la tecnología está cambiando nuestra relación con ellos.

Salir de casa solía requerir un pequeño inventario: cartera, llaves, efectivo, tarjetas, boletos, identificación y, en ocasiones, una memoria USB. Hoy muchas personas comprueban una sola cosa antes de cerrar la puerta: que su teléfono tenga batería.

Ese gesto contiene una transformación silenciosa. La revolución tecnológica no ocurre únicamente cuando aparece un aparato nuevo, sino cuando varios objetos antiguos dejan de tener una función exclusiva.

Estos diez probablemente no desaparecerán por completo antes de 2035. Algunos sobrevivirán como respaldo, por seguridad, costumbre o falta de conectividad. Sin embargo, ya existen señales de que podrían dejar de formar parte de nuestra rutina y comenzar su camino hacia la vitrina.

1. La tarjeta SIM que ya empezó a desaparecer

Durante décadas, cambiar de compañía telefónica significó extraer una pequeña tarjeta de plástico. La eSIM trasladó esa función al interior del dispositivo y permite activar líneas sin insertar una pieza física.

GSMA Intelligence reconoce que su adopción ha sido más lenta de lo esperado fuera de Estados Unidos, pero calcula que la eSIM podría alcanzar una penetración mundial de 76% en los smartphones para 2030. La SIM tradicional quizá no desaparezca en 2035, pero podría convertirse en una solución para equipos antiguos o mercados rezagados.

2. La cartera que perdió el monopolio de nuestros bolsillos

La cartera no guardaba una sola cosa: reunía dinero, tarjetas, boletos, identificaciones y llaves. Precisamente por eso es vulnerable. Su contenido está migrando completo al teléfono.

Apple Wallet, por ejemplo, ya puede almacenar tarjetas bancarias y de transporte, entradas, identificaciones y llaves digitales. La cartera física seguirá existiendo mientras alguno de esos elementos no pueda digitalizarse, pero ya dejó de ser el único lugar donde cargamos nuestra vida administrativa.

La digitalización no solo cambia dónde guardamos el dinero, también puede cambiar las reglas del propio dinero. China, por ejemplo, experimentó con programas de estímulo en los que algunos vales distribuidos mediante el yuan digital debían gastarse antes de una fecha límite o perdían su valor. No era el funcionamiento habitual del e-CNY, sino un uso específico de dinero programable para incentivar el consumo. La experiencia mostró que, cuando la cartera deja de ser un objeto físico y se convierte en software, también es posible programar cómo, cuándo y para qué puede utilizarse el dinero.

3. Las tarjetas bancarias de plástico

El pago sin contacto no necesita que desaparezcan las tarjetas: basta con que dejemos de sacarlas. Al registrarlas en un teléfono o reloj, el plástico pierde su función cotidiana y se convierte en respaldo.

Su desaparición será desigual. Una tarjeta funciona sin batería, es aceptada en más lugares y no exige tener un dispositivo compatible. Sin embargo, podría seguir el camino del boleto aéreo impreso: continúa siendo válido, aunque cada vez resulte menos necesario.

4. Las llaves metálicas

Las llaves parecían difíciles de sustituir porque cumplen una función física muy concreta. Ahora existen cerraduras, automóviles y habitaciones de hotel que pueden abrirse con credenciales digitales.

Apple ya permite almacenar en el teléfono llaves compatibles para viviendas, hoteles, automóviles y otros vehículos. La llave metálica probablemente no desaparecerá, pero podría permanecer guardada para emergencias mientras el acceso diario se realiza mediante el teléfono, un reloj o la biometría.

5. Las credenciales físicas

La identificación digital está dejando de ser un experimento. La Unión Europea avanza hacia una cartera de identidad digital que permitirá identificarse, firmar documentos y acceder a servicios públicos desde el teléfono. En México también comienza esa transición. La nueva CURP biométrica busca integrar datos como fotografía, huellas dactilares e iris en un documento digital que sirva como identificación oficial en distintos trámites. Aunque su implementación será gradual y convivirá durante años con documentos físicos, la dirección es clara: la identidad empieza a depender menos de una credencial de plástico y más de una base de datos verificable.

Más que desaparecer, muchos objetos cotidianos están perdiendo la función que durante décadas los hizo indispensables.
Más que desaparecer, muchos objetos cotidianos están perdiendo la función que durante décadas los hizo indispensables. Foto: Canva

6. Los boletos impresos

La entrada al cine, el pase de abordar y el boleto para un concierto ya suelen llegar como códigos almacenados en el teléfono. El siguiente paso consiste en que ni siquiera sea necesario mostrar una pantalla.

El programa One ID de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo busca facilitar viajes mediante identidad digital y reconocimiento biométrico, reduciendo la presentación repetida de documentos durante el recorrido. El boleto no solo se está desmaterializando: podría volverse invisible.

7. El control remoto

Durante décadas cambiamos botones por controles remotos. Ahora el siguiente paso consiste en eliminar el propio control. Fabricantes como Samsung ya incorporan funciones que permiten manejar algunos televisores mediante gestos o desde un reloj inteligente, mientras que LG está apostando por televisores con inteligencia artificial capaces de entender órdenes conversacionales como si fueran parte de una charla. El objetivo ya no es ofrecer un mejor control remoto, sino hacer que deje de ser necesario.

8. La memoria USB

La memoria USB resolvía un problema específico: mover archivos entre computadoras. La nube, los enlaces compartidos y las transferencias inalámbricas redujeron la necesidad de transportar físicamente esos datos.

Sobrevivirá en lugares sin internet, trabajos técnicos, respaldos de emergencia y entornos donde la información no debe almacenarse en servicios externos. Para el usuario común, sin embargo, podría convertirse en uno de esos objetos que permanecen olvidados dentro de un cajón.

9. El disco duro externo

El disco duro externo no está destinado a desaparecer entre profesionales, empresas, fotógrafos o personas que prefieren conservar copias locales. La nube tampoco sustituye un buen sistema de respaldo.

No obstante, servicios como OneDrive permiten guardar, consultar y compartir archivos desde distintos dispositivos sin transportar una unidad física. En muchos hogares, el disco externo podría pasar de ser un accesorio cotidiano a una herramienta especializada.

10. El efectivo

El efectivo es el candidato más difícil y también el que exige mayor cautela. En México sigue siendo indispensable para millones de personas, pequeños comercios y operaciones informales. Su desaparición no sería únicamente un cambio tecnológico: también podría convertirse en una forma de exclusión.

Al mismo tiempo, Banco de México impulsa mecanismos como CoDi, que permite realizar pagos y cobros desde teléfonos mediante códigos QR y NFC. El efectivo probablemente no será una pieza de museo en 2035, pero en ciertos espacios urbanos podría dejar de ser la primera opción.

El museo del futuro cabe en un teléfono

Estos objetos no están siendo reemplazados uno por uno. Sus funciones están siendo absorbidas por un mismo ecosistema compuesto por teléfono, nube, conectividad y biometría.

Esa concentración también crea una nueva fragilidad. Perder la cartera antes significaba perder dinero y tarjetas; perder el teléfono puede significar quedarse sin dinero, llaves, boletos, documentos y acceso a los propios archivos.

El museo de 2035 quizá no esté lleno de objetos que dejaron de funcionar. Podría estar lleno de cosas que todavía funcionaban perfectamente cuando decidimos que cargar con ellas ya no era necesario.

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