El cine vertical nació mirando hacia una pantalla que ya teníamos en las manos. Durante décadas, las películas nos enseñaron a mirar de izquierda a derecha; hoy, millones de personas pasan buena parte del día viendo historias de arriba hacia abajo. Para Hamlet Rubio, ese cambio aparentemente pequeño está obligando a inventar nuevas reglas para contar.
Lo curioso es que él llegó a esa conclusión casi por accidente. Era 2020 y, en pleno confinamiento, Rubio dirigía a distancia Single, un proyecto audiovisual en el que participaban personas de distintos países. En una de las escenas pidió a uno de ellos colocar su teléfono dentro del refrigerador. El celular se caía una y otra vez, hasta que encontraron una solución improvisada: apoyarlo verticalmente contra una lata. Cuando se abrió la puerta del refrigerador, la composición cambió por completo.
“Me gustó. Le dije: ‘Uy, vertical’”, recuerda Rubio en entrevista con INTERESANTE. Aquella escena terminó empujando el proyecto entero hacia el formato 9:16.
Cinco años después, Rubio dirige en Tijuana un festival dedicado precisamente a explorar ese lenguaje. Y lo que comenzó como un experimento plantea ahora una pregunta mucho más interesante: ¿qué pasa cuando dejamos de intentar meter el cine tradicional dentro del celular y empezamos a crear historias específicamente para él?
El cine vertical empieza a escribir sus propias reglas
Cuando comenzó el festival, Rubio recuerda que buena parte de los trabajos recibidos todavía parecían videos amateurs creados para TikTok. Con el tiempo, eso cambió.
Rubio cuenta que al principio realizaban los guiones técnicos siguiendo las reglas del horizontal. Al llegar a producción aparecía lo que describe como un “choque psicológico”: aquello que habían imaginado simplemente ya no cabía de la misma manera.
“El cine se quedó en horizontal donde está, para la sala de cine”, afirma. Para Rubio, el teléfono está impulsando otro concepto audiovisual, con técnicas y reglas que todavía se están escribiendo.
La diferencia también está en lo que puede mostrarse. Hay escenas concebidas para ocupar la altura de la pantalla, aprovechar el movimiento de arriba hacia abajo o concentrar la mirada en un personaje u objeto. Trasladarlas al horizontal no significa únicamente cambiar el encuadre: puede modificar la manera en que fueron pensadas. “En horizontal jamás podría definirse esa escena que está creada para vertical”, explica Rubio.
Tijuana se convierte en un laboratorio para el cine vertical
Esa búsqueda tendrá un escaparate del 3 al 5 de septiembre de 2026, cuando se realice la quinta edición del Tijuana Vertical Film Festival (TJVEFF).
La programación se repartirá en tres sedes. La inauguración será el 3 de septiembre en Casa de la Cultura Altamira; el 4 de septiembre, CUT Universidad recibirá actividades relacionadas con los cortometrajes en competencia, conferencias y nuevas narrativas audiovisuales; y el 5 de septiembre, Café Praga Bristol albergará la clausura y premiación.
El festival contempla cuatro reconocimientos: Mejor Filme Vertical Internacional, Mejor Filme Vertical Mexicano, Mejor Filme Vertical con Inteligencia Artificial y Mejor Filme Vertical para Redes Sociales. La tercera categoría es nueva y marca otra transformación.
Rubio cuenta que había considerado introducir la inteligencia artificial desde la edición anterior, pero decidió esperar. Este año finalmente abrió la competencia y, según explica, ha recibido trabajos procedentes de países como Estados Unidos, Alemania, Japón y Corea.
Además, el encuentro mantiene una colaboración con LAWEBFEST, Los Angeles Web Series Festival. Rubio explica que las obras ganadoras pueden circular entre ambos encuentros, creando un puente entre Tijuana y Los Ángeles.
La inteligencia artificial llega a una pantalla que ya estaba cambiando
Para Rubio, la inteligencia artificial no solamente sirve para acelerar una producción. Su interés está en explorar qué ocurre cuando software y algoritmos empiezan a intervenir directamente en la construcción de una historia.
Imagina proyectos capaces de generar locaciones, imágenes humanas, diálogos y otros elementos de producción mediante herramientas digitales. Incluso considera que llegará un momento en que resulte insuficiente llamar “cine” a algunas de estas obras.
Pero detrás de esa experimentación tecnológica hay un cambio todavía más cotidiano: la manera en que utilizamos el teléfono.
TikTok, Instagram Reels y YouTube Shorts acostumbraron a millones de usuarios a sostener la pantalla verticalmente, deslizar historias con un dedo y decidir en segundos si continúan mirando.
“El algoritmo está transformando la cultura”, sostiene Rubio. Eso también modifica el ritmo narrativo. Para el cineasta, las historias pensadas para móviles necesitan movimientos más rápidos y escenas capaces de capturar la atención en periodos mucho menores que una producción tradicional.
Del TikTok a las microseries que cobran por episodio
El siguiente territorio que Rubio quiere explorar es precisamente TikTok, pero no únicamente como plataforma para promocionar películas.
Durante la entrevista pone como ejemplo las microseries verticales que han crecido en China, donde capítulos de pocos minutos o incluso menos terminan en puntos diseñados para empujar al espectador hacia el siguiente episodio. Algunos modelos permiten pagar pequeñas cantidades para continuar avanzando en la historia.
La diferencia parece pequeña, pero cambia la lógica completa: duración, montaje, suspenso, distribución y monetización empiezan a pensarse desde el teléfono.
Rubio cree que incluso las grandes plataformas terminarán observando ese comportamiento. Cuando se le pregunta si imagina a Netflix estrenando algún día producciones hechas exclusivamente para verse verticalmente, responde que las plataformas tendrán que adaptarse al móvil y experimentar con producciones mucho más rápidas. Sin embargo, es una predicción, no una certeza. Sin embargo, la transformación que la sostiene ya puede observarse.
Durante un siglo, el tamaño de la pantalla ayudó a decidir cómo se filmaba una historia. Ahora llevamos esa pantalla en el bolsillo y la sostenemos casi siempre de manera vertical.
Quizá por eso el cine vertical no necesita demostrar que puede sustituir al cine tradicional. El horizontal puede permanecer en las salas, las televisiones y otras pantallas. Mientras tanto, el 9:16 está intentando algo distinto: descubrir qué historias solamente pueden existir cuando dejamos de girar el teléfono.