La llegada y consolidación de Netflix en México no puede entenderse sin mirar antes el derrumbe de un modelo anterior: el de la televisión abierta como centro absoluto del entretenimiento masivo. En ese tránsito, personajes como Eric Reid, productor con una larga trayectoria en la industria audiovisual, permiten leer con claridad cómo cambió el mapa del negocio, cómo se reconfiguró la ficción y por qué hoy México es una pieza clave para las plataformas. Platicamos con él para Interesante.
Eric Reid es productor y ejecutivo audiovisual mexicano con una amplia trayectoria en la industria del entretenimiento. Inició su carrera en los años noventa; trabajó en el área de ficción en Grupo Imagen durante la etapa final de Cadena 3. Con la expansión del streaming dio el salto a la producción para plataformas digitales, participando en proyectos para Netflix como la película Como Caído del Cielo, la serie Historia de un crimen: La búsqueda y la exitosa ¿Quién mató a Sara?. También ha colaborado en producciones para otras plataformas como Disney+, lo que le ha permitido observar de cerca la transformación de la industria audiovisual mexicana en la era del streaming.
Su paso por el mundo de la televisión, particularmente en la ficción para señal abierta, coincidió con un momento de agotamiento del modelo tradicional. Al mismo tiempo, la ficción internacional estaba cambiando de lenguaje. Series como Los Soprano y, sobre todo, Breaking Bad, marcaron una transformación decisiva: el auge del antihéroe masculino, de la narrativa centrada en el personaje y de una ficción más compleja, más oscura y más ambiciosa.
“La ficción ya estaba completamente volcada al antihéroe masculino de la mediana edad”, explica Reid. “Ya no tanto qué le pasaba a los personajes, sino la psique y la evolución del personaje hacia adentro”.
El momento en que Netflix cambió la conversación
En ese contexto llegó Netflix. Primero como plataforma de exhibición y luego como productor de contenidos propios. Para Reid, uno de los puntos de quiebre fue precisamente el fenómeno alrededor de Breaking Bad, cuando la plataforma concentró temporadas y ayudó a detonar una conversación masiva que también impactó en México.
A partir de ahí, el siguiente paso fue producir ficción local. En el caso mexicano, uno de los hitos fue la serie Club de Cuervos, identificada por Reid como la primera gran ficción original de Netflix en México.
Luego, la combinación de títulos como Narcos y, más adelante, La casa de papel, ayudó a demostrar que la ficción hecha en español podía viajar, crecer y convertirse en fenómeno global.
Según Reid, ahí Netflix entendió que el futuro estaba en producir sus propios contenidos y en construir una red sólida de producción en mercados como México.
México, un país natural para Netflix
La reciente instalación de oficinas de Netflix en México no fue un accidente ni un simple gesto corporativo. Para Reid, fue la consecuencia natural de la relevancia que ya tenía el país dentro del ecosistema audiovisual en español.
“Yo creo que es consecuencia de la importancia que tiene México”, dice. “Uno de los mercados que le da sentido a una industria audiovisual en español es el mercado hispano de Estados Unidos. Y el mercado hispano de los Estados Unidos es mayoritariamente mexicano”.
Esa condición explica buena parte del fenómeno. México no sólo tiene volumen de mercado; también tiene una tradición audiovisual robusta, talento actoral reconocible, experiencia industrial en publicidad, cine y televisión, además de una posición cultural estratégica para dialogar con América Latina y con la audiencia hispana de Estados Unidos.
En la visión de Reid, durante años confluyeron varios factores que hicieron del país un hub natural de producción: la experiencia acumulada en publicidad, el crecimiento del cine mexicano impulsado por estímulos fiscales, la salida de profesionales de las televisoras hacia nuevos modelos de producción y el fortalecimiento de proveedores técnicos de alto nivel.
La oficina de Netflix y lo que significa para la industria
Para Reid, la apertura de oficinas y la expansión de Netflix en México sí tiene un peso simbólico e industrial importante. Aunque reconoce que el sector ha atravesado altibajos y que la burbuja de producción de los últimos años también mostró signos de desgaste, considera que una inversión fuerte de Netflix representa una señal de confianza y una promesa de empleo para la industria.
Estp no es nuevo. La presencia de Netflix en México también se volvió visible en un plano simbólico: no sólo por sus producciones, sino por la manera en que decidió instalarse en la capital. Eric Reid recuerda las primeras oficinas montadas en uno de los edificios más llamativos de Paseo de la Reforma, en un penthouse que ocupaba la punta misma de la torre, con una vista privilegiada hacia Chapultepec y buena parte de la ciudad.
La imagen, dice, era la de una empresa en pleno auge: espacios amplios, diseño corporativo de vanguardia, café, snacks, atención permanente y una atmósfera de prosperidad que parecía confirmar que el streaming había llegado para quedarse. Sin embargo, ese despliegue coincidió también con un momento de fragilidad para la industria audiovisual mexicana, que tras varios años de expansión entró en una etapa de contracción.
Esa presencia también abre una señal de institucionalización. Es decir, no se trata solamente de producir de manera ocasional en México, sino de convertir al país en un punto permanente de operación, desarrollo y relación con productores, creativos y casas productoras.
Al mismo tiempo, Reid advierte que esa apertura no necesariamente vuelve sencillo el acceso. Desde fuera puede parecer que los caminos están abiertos, pero desde dentro la industria sabe que entrar a una plataforma como Netflix implica atravesar filtros complejos, exigencias técnicas, financieras, legales y creativas muy altas.
Cómo trabajar con Netflix
Una de las preguntas centrales para cualquier productor, guionista o casa productora es cómo lograr entrar en el radar de una plataforma como Netflix. La respuesta de Reid se aleja de la idea romántica de “tener una buena idea” y apunta a algo más duro: estructura, inversión, conocimiento del proceso y disciplina industrial.
“El paso que se tiene que dar necesariamente es la inversión de un capital importante de trabajo en la creación de los contenidos”, afirma.
Para él, no basta con desarrollar una historia atractiva. Quien quiera trabajar con Netflix tiene que entender el sistema de creación y producción de la ficción seriada al estilo de los grandes estudios: desde el desarrollo de guion hasta la entrega final.
“Necesitas necesariamente conocer todo el proceso, respetarlo e invertir seriamente tu capital en los contenidos”, dice. “Y luego seguir todo el camino alineado que requieren los estudios al nivel americano”.
Eso implica mucho más que creatividad. Reid habla de cuartos de escritores, tiempos de lectura, toma de notas, supervisión de avances, formalidad en las citas, capacidad de respuesta ante observaciones ejecutivas y una estructura capaz de sostener el proyecto en todas sus etapas.
“No solo la parte técnica, sino toda la parte estructural del sostenimiento de una serie”, resume.
En su experiencia, Netflix y los grandes estudios buscan aliados confiables, no sólo narradores talentosos. La confianza se construye con currículum, capacidad de ejecución y cumplimiento. También con el entendimiento de prácticas que hoy son indispensables en la industria: protocolos contra el acoso y la discriminación, coordinación de intimidad, controles legales y fiscales, supervisión de riesgos y respeto absoluto a cronogramas.
“Creo que es conocimiento, práctica y genialidad y arte”, dice Reid.
Esa definición condensa bien la lógica actual de las plataformas: la originalidad importa, pero tiene que venir respaldada por profesionalización. La visión creativa sola ya no alcanza.
El nuevo lugar del autor en la era del streaming
Pese a ese fuerte componente industrial, Reid insiste en que el corazón del asunto sigue estando en la fuerza de la historia y en la honestidad de la mirada. En su lectura, la época actual también ha revalorizado al autor, al showrunner, al creador con voz propia.
“Creo que sí estamos en un punto de la ficción en el que el artista es el showrunner, el creador de la historia, la visión de una persona ante una narrativa”, sostiene.
“Creo que compran eso también: compran originalidad, compran arte, compran visión, compran capacidad de sensibilidad contemporánea”.
Netflix y la transformación de la industria mexicana
Netflix no inventó por sí solo esa transformación, pero sí la aceleró y la volvió visible. Su presencia en México condensó muchos procesos que ya venían ocurriendo: la crisis del viejo modelo televisivo, la sofisticación de la ficción seriada, la profesionalización de los procesos y la internacionalización del contenido hecho en el país.
La gran oportunidad, sin embargo, no está sólo en que Netflix esté aquí, sino en entender qué exige esa nueva etapa. Para los creadores mexicanos, el mensaje de Reid es concreto: sí hay espacio, sí hay interés, sí hay mercado; pero entrar requiere mucho más que entusiasmo. Requiere formación, estructura, inversión, rigor y una voz propia capaz de sostenerse frente a uno de los ecosistemas más competitivos del entretenimiento actual.