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El cine vertical no vive de una historia: construye muchas y las monetiza

El cine vertical se consolida como respuesta al consumo móvil, la inversión digital y la aceleración de la distribución audiovisua

El cambio en la industria audiovisual se puede medir. En México, el gasto en plataformas digitales alcanzó 56,163 millones de pesos en 2024, mientras que las salas de cine generaron 37,375 millones, según el Anuario Estadístico de Cine de IMCINE. Al mismo tiempo, el 72% de los millennials consume video en vertical, y las generaciones jóvenes concentran hasta el 78% de su consumo en este formato, de acuerdo con estudios de Mighteor e Intel Market Research.

Cine vertical en el set
En México, el gasto en plataformas digitales alcanzó 56,163 millones de pesos en 2024, mientras que las salas de cine generaron 37,375 millones. Foto: Cortesía Keylight MX

La señal es concreta: el consumo se trasladó al entorno móvil y se estabilizó en formato vertical.

El modelo económico del cine vértical

El cine vertical se inserta en ese contexto como una forma de producción y distribución alineada con ese hábito. Como se plantea en un artículo sobre las reglas del cine vertical publicado previamente en Interesante, el formato responde a nuevas condiciones de atención. Lo relevante ahora es que esas condiciones ya tienen un modelo económico.

cine vertical.
Detrás de cámaras del cine vertical. Foto: Gasp Industria Creativa.

Ese movimiento también empezó a reflejarse en decisiones de producción más ambiciosas. En 2021, V2. Escape From Hell marcó un punto de partida: una de las primeras películas de presupuesto relevante concebidas en formato vertical para consumo en smartphone.

La lectura es más amplia que el formato. El cambio no solo afecta cómo se producen las historias, sino cómo entran en la vida diaria. El entretenimiento deja de ser una actividad separada y se integra en los espacios intermedios: trayectos, pausas, momentos breves. El contenido ya no se programa: se adapta al tiempo disponible.

El cine enfrenta una redefinición de sus reglas, en la que la supervivencia dependerá de su capacidad para mantenerse relevante. Foto: In Screen

Las plataformas operan bajo esa lógica. Proyectos que alcanzan millones de vistas en pocas semanas conviven con una rotación rápida de contenidos, lo que desplaza el valor hacia la continuidad más que hacia la permanencia. En ese esquema, plataformas como ReelShort han producido cerca de 40 títulos en español y portugués en un año en Latinoamérica, lo que indica una producción sostenida.

Ese modelo también se valida en la industria. En mercados como MIP Cancún, el desarrollo de series verticales responde a formatos específicos: producciones de 70 a 90 episodios con duraciones de uno a dos minutos, diseñadas desde origen para consumo móvil. A escala global, el crecimiento se refleja en ingresos: en China, los microdramas superaron en 20% la taquilla total del cine en 2024, lo que posiciona al formato dentro del mismo mercado audiovisual.

Cine tradicional contra cine digital y cine vertical

El contexto general refuerza ese movimiento. La ventana de exhibición en salas se redujo de aproximadamente 90 días antes de la pandemia a cerca de 45 días antes de llegar a plataformas, lo que concentra el valor en la disponibilidad inmediata. Al mismo tiempo, el costo promedio de asistir al cine supera los 400 pesos por experiencia completa, mientras que el acceso a plataformas digitales se mantiene por debajo de ese nivel.

También empieza a construir su propia infraestructura. El Tijuana Vertical Film Festival, uno de los primeros en México dedicados exclusivamente a este formato, indica que existe volumen suficiente de producción para ser seleccionado y exhibido en circuitos especializados. Para los realizadores independientes, el cambio es operativo.

La producción se acelera y permite trabajar con equipos reducidos. Proyectos de múltiples episodios pueden desarrollarse en pocos días de rodaje intensivo y entrar en circulación de forma inmediata. Esto modifica la estructura de ingresos.

El modelo se basa en varias fuentes: licencias a plataformas, producción por encargo, acuerdos por volumen de contenido y participación en ingresos por visualizaciones. En lugar de depender de un solo estreno, los creadores pueden construir ingresos acumulativos a partir de producción continua. La rentabilidad depende menos de un proyecto individual y más de la capacidad de sostener ritmo y audiencia.

A esto se suma la integración de herramientas de inteligencia artificial en procesos de edición, postproducción y optimización técnica. Estas herramientas permiten producir más contenido en menos tiempo, facilitando que equipos pequeños operen de forma eficiente.

El ecosistema empresarial ya responde a esta lógica. Compañías desarrollan contenido vertical desde su origen, con catálogos propios y estrategias de distribución específicas. El formato se convierte en base de producción.

En el set. Foto: Gasp Industria Creativa.

La conclusión es clara. El cine vertical se consolida porque coincide con tres cambios estructurales: el consumo se trasladó al móvil, la inversión se movió hacia lo digital y la distribución se aceleró. El resultado es un tipo de contenido que ya no pide tiempo completo, sino que se adapta al tiempo disponible. Ahí es donde encuentra su lugar.

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