Cuando Estamos muertos (All of Us Are Dead), Belleza verdadera (True Beauty), Propuesta laboral (Business Proposal) o Cásate con mi esposo (Marry My Husband) llegaron a las plataformas de streaming, millones de espectadores descubrieron historias que parecían hechas a la medida de una nueva generación. Personajes memorables, romances diferentes y un ritmo narrativo que rompía con muchas fórmulas tradicionales ayudaron a consolidar el auge mundial de los K-dramas. Sin embargo, pocos sabían que esas historias no nacieron para la televisión. Mucho antes de aparecer en Netflix ya habían conquistado a millones de lectores como webtoons, un formato de cómic digital que hoy se ha convertido en la principal cantera de la industria audiovisual coreana.
Aunque hoy el fenómeno parezca exclusivo de Corea del Sur, México conoció un modelo parecido mucho antes de que existieran los teléfonos inteligentes. Historietas como El Pantera, Chanoc o Kalimán trascendieron el papel para llegar a la televisión, el cine o la radio, mientras personajes como Memín Pinguín marcaron a generaciones enteras de lectores. La diferencia es que Corea del Sur logró transformar ese proceso en una industria capaz de alimentar de manera constante a las plataformas de streaming.
Los K-dramas encontraron una nueva fábrica de historias
Los webtoons surgieron a principios de los años 2000, impulsados por la rápida expansión de internet móvil en Corea del Sur. A diferencia del manga japonés o del cómic tradicional, fueron diseñados desde el inicio para leerse en la pantalla vertical de un teléfono. En lugar de pasar páginas, el lector simplemente hace scroll. Esa decisión cambió la forma de narrar: capítulos más breves, escenas pensadas para la lectura móvil y finales capaces de mantener a millones de personas esperando la siguiente entrega.
Sin embargo, el verdadero cambio no fue el formato, sino el modelo de negocio. Plataformas como WEBTOON y Kakao Webtoon dejaron de ser simples bibliotecas digitales para convertirse en laboratorios donde las historias son probadas antes de dar el salto a la televisión. Cada lectura, comentario o recomendación ofrece información sobre qué personajes conectan con el público y cuáles tienen potencial para convertirse en la siguiente gran serie. Cuando un webtoon acumula millones de seguidores, los estudios ya saben que existe una audiencia esperando esa adaptación.
Ese mecanismo explica por qué tantas producciones recientes comparten el mismo origen. Dulce hogar (Sweet Home), Estamos muertos, Belleza verdadera, Propuesta laboral, Cásate con mi esposo y Moving comenzaron como historias ilustradas antes de convertirse en fenómenos internacionales. Incluso Solo Leveling, que hoy domina el mundo del anime, siguió el mismo camino. Netflix no creó esas historias; llegó cuando ya habían demostrado que podían construir comunidades de lectores durante años.
Los webtoons cambiaron la forma de descubrir un éxito
Las cifras muestran que se trata de una industria consolidada. WEBTOON Entertainment reporta alrededor de 145 millones de usuarios activos mensuales, más de 27 millones de creadores y presencia en más de 150 países. La propia empresa reconoce que buena parte de su estrategia consiste en desarrollar propiedad intelectual capaz de convertirse después en series, películas, videojuegos o animación. Al mismo tiempo, la Korea Creative Content Agency (KOCCA) estima que la industria del webtoon mueve miles de millones de wones y continúa creciendo gracias a la demanda internacional de contenido coreano.
Ese modelo cambió la forma en que nacen muchas producciones audiovisuales. Durante décadas, una historia debía convencer primero a un editor o a un productor para llegar a la pantalla. Hoy son millones de lectores quienes realizan esa primera selección. El algoritmo y la comunidad funcionan como un enorme laboratorio creativo antes de que aparezcan las cámaras.
México también convirtió historietas en fenómenos de pantalla
México recorrió un camino diferente. Durante buena parte del siglo pasado, las historietas fueron uno de los productos editoriales más populares del país. Títulos como Kalimán, Chanoc, Fantomas o El Libro Vaquero acompañaron a millones de lectores y demostraron que las historias seriadas podían convertirse en un fenómeno cultural. Algunas dieron el salto a otros formatos, pero nunca llegaron a integrarse en una cadena de producción tan estrecha como la que hoy existe entre los webtoons y los K-dramas.
Esa quizá sea la mayor diferencia entre ambos modelos. Mientras México desarrolló exitosas industrias paralelas —por un lado las historietas y por otro las telenovelas—, Corea consiguió conectar el mundo editorial con el audiovisual. El webtoon dejó de ser el producto final para convertirse en el primer paso de una franquicia. Si una historia funciona entre los lectores, puede transformarse en serie, película, anime o videojuego sin perder a la comunidad que la hizo popular desde el principio.
El próximo gran K-drama quizá vuelva a empezar con un cómic
Quizá por eso el verdadero origen del boom de los K-dramas no esté en Netflix ni en las plataformas de streaming. Comenzó mucho antes, cuando millones de personas decidieron seguir semana tras semana una historia ilustrada desde la pantalla de su teléfono. México ya conocía el poder de las historietas para crear personajes inolvidables. Corea demostró que, en el siglo XXI, esas historias también pueden convertirse en el punto de partida de una industria global.