La automatización en México ya podría alcanzar el 59% de las horas que actualmente trabajan las personas. La cifra es real y proviene del informe Agents, robots, and us, publicado en julio de 2026 por el McKinsey Global Institute después de analizar cerca de 800 ocupaciones en 15 economías de América Latina.
Sin embargo, el dato no significa que seis de cada diez empleos estén a punto de desaparecer. McKinsey mide actividades que técnicamente pueden automatizarse, no puestos que necesariamente serán eliminados. La diferencia es fundamental: un empleo puede conservarse aunque varias de las tareas que lo integran pasen a manos de agentes de inteligencia artificial, software o robots.
La automatización en México es posible, pero no inevitable
El informe estima que el 57% de las horas laborales de América Latina podría automatizarse con tecnologías disponibles. De ese total, 39 puntos porcentuales corresponden a agentes capaces de realizar trabajo digital y 18 a robots que intervienen en actividades físicas.
México se encuentra en la parte alta de la región, con 59% de potencial técnico de automatización. El estudio también calcula que 60% de la fuerza laboral mexicana se encuentra en ocupaciones con una proporción importante de trabajo físico. Por eso, su transformación no dependerá solamente de la inteligencia artificial generativa: también requerirá robots, maquinaria autónoma e inversiones en infraestructura.
Aun así, McKinsey advierte que la adopción será mucho menor que el potencial. Para 2030, sus escenarios contemplan que entre 7% y 14% de las horas actuales de la región habrán sido efectivamente automatizadas. Los costos de implementación, los salarios, la regulación, la aceptación de clientes y la preparación de las empresas determinarán la velocidad del cambio.
En otras palabras, que una tarea pueda automatizarse no significa que resulte rentable hacerlo.
México concentra la mayor oportunidad económica de la región
La cifra más reveladora del informe no es necesariamente el 59%, sino el valor que podría generar esa transformación. En su escenario central, McKinsey calcula que la automatización podría liberar 204 mil millones de dólares anuales en México hacia 2030, la mayor oportunidad entre los países estudiados. Brasil aparece en segundo lugar, con 135 mil millones; y juntos concentrarían cerca de 75% del valor potencial de toda América Latina.
El tamaño de la fuerza laboral mexicana y sus salarios relativamente más altos explican parte de esa concentración. Sin embargo, el cálculo no debe confundirse con un aumento automático del producto interno bruto. Se trata del valor estimado de las horas que podrían liberarse para realizar otras actividades, sin descontar todos los costos de instalación, operación y mantenimiento.
La manufactura representa cerca de una quinta parte de la oportunidad mexicana. También aparecen el comercio, los servicios administrativos, la educación, los servicios profesionales, la construcción y la logística. Esto confirma que la automatización no ocurrirá únicamente en fábricas: también llegará a oficinas, centros de atención, procesos financieros y cadenas de suministro.
Los empleos cambiarán antes de desaparecer
Mientras que una secretaria o un asistente administrativo podrán delegar en la inteligencia artificial tareas como la clasificación de documentos, la elaboración de agendas y parte de la correspondencia, un contador podrá automatizar registros y conciliaciones sin perder la responsabilidad de interpretar los resultados y tomar decisiones. En el sector manufacturero, los sistemas podrán supervisar sensores y detectar fallas de manera anticipada, pero seguirá siendo una persona quien intervenga para resolver situaciones imprevistas y decidir el curso de acción más adecuado.
El informe señala que, incluso en un entorno de creciente automatización, 80% de las habilidades humanas analizadas en México seguirá siendo relevante. Competencias como el liderazgo, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y el control de calidad no desaparecerán; por el contrario, cobrarán mayor importancia al integrarse en procesos donde personas y máquinas trabajarán de forma complementaria.
Esta es una de las principales oportunidades: automatizar tareas repetitivas puede liberar tiempo para resolver problemas, atender clientes, supervisar resultados o mejorar productos. Sin embargo, existe el riesgo de que las empresas usen la tecnología sólo para reducir costos, en lugar de fortalecer las capacidades de sus trabajadores.
La brecha está en las habilidades
México concentra el mayor potencial económico de automatización en América Latina, pero su preparación laboral aún es limitada. Solo 2.4% del empleo en el país corresponde a ocupaciones cuyas vacantes ya solicitan habilidades en inteligencia artificial, por debajo del promedio de 4.7% registrado en los cinco países analizados.
La fluidez en inteligencia artificial, es decir, la capacidad de usar estas herramientas, integrarlas a los procesos de trabajo, interpretar sus resultados y detectar errores, creció siete veces en México entre 2023 y 2025. Es un avance importante, aunque más lento que en Brasil y Argentina.
El riesgo es que la tecnología avance más rápido que la capacitación. Eso podría ampliar la brecha entre grandes empresas y pequeños negocios, entre trabajadores con habilidades digitales y quienes no tienen acceso a ellas, así como entre las regiones industriales y las comunidades con menor infraestructura.
El reto no es detener la automatización
El informe confirma que México tiene una oportunidad productiva importante, pero no garantiza que sus beneficios se distribuyan de forma equitativa.
La automatización no eliminará de golpe 59% de los empleos. Lo que hará será transformar, de manera gradual, las tareas que millones de personas realizan dentro de ellos. Algunas funciones perderán peso, otras cobrarán mayor valor y surgirán actividades que hoy ni siquiera forman parte de las descripciones laborales.
Por ello, la discusión no debería centrarse solo en cuántos empleos desaparecerán, sino en quiénes contarán con la capacitación, la infraestructura y las herramientas necesarias para aprovechar esta transformación.