Cuando Moisés Marcovich llamó a Leticia Toussaint para diseñar la identidad de El Japonez, el restaurante todavía era una idea. No había local, no había menú definido, pero había una consigna clara: “Queríamos transmitir un concepto donde se une la esencia de la gastronomía japonesa y se transforma en algo moderno”, recuerda.
La Ciudad de México todavía miraba a Japón con cierta distancia. A principios de los dos mil, la estética asiática no saturaba redes sociales ni aparecía replicada en cada cafetería de moda. Japón seguía teniendo algo de misterio: materiales sobrios, espacios silenciosos, tipografías limpias, una idea del orden que contrastaba con el caos chilango. Poco a poco, esa sensibilidad comenzó a filtrarse en la arquitectura, la gastronomía y el diseño visual de la capital.
El logotipo que tradujo Japón sin copiarlo
El Japonez apareció justo en medio de ese cambio cultural. Toussaint trabajó junto con arquitectos, chefs y creativos para construir algo que no se sintiera como una copia literal de Japón, sino como una reinterpretación contemporánea hecha desde México. La inspiración vino de los hanko, los sellos personales japoneses usados como firma e identidad. A partir de ahí desarrolló un logotipo de líneas simples, acompañado por símbolos vegetales que dialogaban con la arquitectura del restaurante. Los colores originales fueron rojo y negro; después llegó el dorado.

Quizás la decisión más importante fue una sola letra: Z
“Estuve ahí en la decisión de ponerle o no una ‘z’ al final”, cuenta Toussaint. “A mí me hacía ruido por la ortografía, pero al final creó un efecto visual interesante y como el cerebro se detiene a procesar la palabra hace que el nombre sea más memorable”.
Ese pequeño gesto resume bien cómo la cultura asiática empezó a traducirse en la ciudad: no como una reproducción exacta, sino como una adaptación local, sofisticada y profundamente visual.
CDMX dejó de traducir a Japón y empezó a asimilarlo
Según datos citados por la Embajada de Japón en México, para 2020 existían más de 1,600 restaurantes japoneses en el país. Pero el impacto real se percibe fuera de los menús. La influencia japonesa terminó moldeando barras de listening bars, cafeterías de matcha ceremonial, hoteles boutique y tiendas donde el minimalismo funciona casi como promesa emocional. En colonias como Condesa, Juárez o Cuauhtémoc, la experiencia japonesa se volvió parte del paisaje aspiracional de la capital.
Toussaint recuerda que hace tres décadas trabajar referencias japonesas era mucho más intuitivo. No había acceso inmediato a fotografías originales ni plataformas donde estudiar tendencias visuales de Tokio o Kioto. “Antes se sentía más inalcanzable”, dice. Hoy ocurre lo contrario: anime, manga, videojuegos, matcha y diseño asiático forman parte de la vida cotidiana de millones de jóvenes mexicanos.
La ciudad aprendió primero a comer Asia. Después empezó a diseñarse como ella.
Y quizá por eso ciertos lugares siguen funcionando tantos años después. Porque nunca vendieron únicamente comida. Construyeron una atmósfera capaz de hacer que la Ciudad de México, por un momento, pareciera otra ciudad posible.

