El cine de terror arty está de moda. Desde el ascenso de Ari Aster y Jordan Peele, el nuevo cine de horror con ese toque inteligente que estos directores ostentan, se ha convertido en una opción más allá del susto barato. Si bien películas como Longlegs han sido más bien fallidas y otras como Nope fueron un poco incomprendidas, La hora de la desaparición como le pusieron en México y América Latina a Weapons (de Zach Cregger) cumple: es terror, sí, pero uno muy original que si bien bebe de influencia diversas, refresca aún un poco más el género y lo principal: sorprende, con todo y algunos errores graves.
Como dato, el mencionado y polémico director Jordan Peele, quería obtener los derechos del guion para dirigir Weapons, pero sus agentes no lograron ganar la subasta.
La hora de la desaparición: Reseña
Algunos comentarios de la web —porque desde que se inventaron las redes sociales todo mundo es crítico de cine— afirman que la película «no asusta demasiado», pero quienes opinan eso seguramente no están acostumbrados a ver cine de terror con un guion Interesante y solo les llama la atención el sobresalto.
La película comienza como lo haría una basada en un relato de Stephen King, con elementos como el pueblo de los suburbios estadounidenses completamente (o casi) blanco, el misterio que involucra niños de clase media americana, la oscuridad, un bósque y un misterio.
¿De qué se trata realmente La hora de la desaparición?
No es una cinta de investigación policiaca sobre una desaparición de unos niños en un pueblo. En realidad la premisa es poco creíble, y más bien está narrada como un cuento de hadas, como una leyenda urbana o como un sueño brumoso en el que que hay brujas, princesas y niños perdidos como en The Lost Boys, la película de los 80 que también tiene tanto terror como comedia juvenil. Acá, claro, no hay mucho de ese espíritu teen, más bien la película está emparentada con otras propuestas recientes como Bring her back , la cinta australiana de horror sobrenatural, o con el mencionado cine arty de terror. Y sí, también rinde honores en algun momento a El Resplandor (de Stanley Kubrick, reinterpretando al mencionado King), basicamente en un toma que cualquier fan del cine reconocerá.
La historia va narrándose desde el punto de vista de varios de los personajes involucrados, entre los que destacan el papel de la incorrecta pero inocente profesora Justine (Julia Garner de Ozark en su mejor papel hasta el momento) y Archer (Josh Brolin el veterano actor que debutara en Los Goonies en los años 80), además del niño actor Cary Christopher. Todo comienza cuando una noche, 17 alumnos de la misma clase desaparecen misteriosamente de sus casas: todos salen en la madrugada en una dirección indeterminada. Tras semanas de búsqueda, el pade de unos de los niños, Archer, investiga por su cuenta y las pesquias lo llevan a la casa del único niño del salón que no desapareció ese día.
En el relato, también aparecen personajes como el escéptico director de la escuela, un joven drogadicto que merondea el pueblo, un policia con fobia al VIH y finalmente, una extraña mujer con look de principios de los 80 y una peluca bastante horrorosa, que pronto, descubrimos que es una bruja que utiliza brebajes y encantamientos que nos remiten tanto a películas como La serpiente y el arcoíris (por el uso de sus artificios de control mental) como al cine de Wes Craven y cintas como La gente detrás de las paredes. La bruja es Amy Madigan, la ganadora del Oscar por La vida puede continuar (1985). De su personaje en esta cinta, se dice extra-oficialmente, ya se tiene contemplada una precuela.
Y sí, también tiene muchos elementos de los cuentos de hadas europeos y la tradición de relatos como El flautista de Hamelin o Hansel y Gretel, pero el pastiche también tiene referencias a zombis y un toque de humor negro que si entras en sus convenciones, es disfrutable.
Lo bueno y lo malo de La hora de la desaparición, y el cuestionable final
El primer y segundo acto son buenos, te van involucrando en el ambiente de día lluvioso y solitario en un suburbio, en el infaltable bosque y en la bruma y el terror que incluso atrapa en un día soleado.
El tercer acto funciona también, pero la resolución y algunos elementos gore están un poco de más. Si no la has visto no leas lo siguiente, pero hubiera sido más loable que la historia presciendiera de algunos momentos descarnados como el atropellamiento explícito, la cara lacerada con el rallador de verdura y ese final raro y sangriento inspirado en la novela El Perfume de Patrick Süskind. Es otras palabras, le faltó elegancia al director.
La voz en off, advierte si lo analizamos, sobre la facilidad de que cualquier persona puede convertirse en un arma bajo el control de otras personas o de elementos foráneos, y esa metáfora, aplica al sueño americano y sí, es una crítica velada al armamentismo y la violencia, en el empaque de una cinta de terror y humor negro.