Adolescente utilizando redes sociales en su celular durante la noche Adolescente utilizando redes sociales en su celular durante la noche

Meta pagará hasta 17 mil millones por Instagram, mientras México también empieza a poner límites

Meta alcanzó un acuerdo de hasta 17.1 mil millones de dólares que cambiará las protecciones para menores en Instagram y Facebook. En Interesante analizamos qué reveló el juicio, por qué Florida rechazó el acuerdo y cómo México también comienza a poner límites al uso digital.

Meta pasó años perfeccionando una de las máquinas de medición más sofisticadas de nuestra vida cotidiana. Y es que Instagram puede saber cuánto tiempo permanecemos mirando un video, cuándo dejamos de deslizar la pantalla, qué publicación consigue detener nuestro dedo y qué contenido consigue que regresemos unas horas después.

Sin embargo, ahora tendrá que demostrar que también puede medir otra cosa: si las herramientas creadas para proteger a los menores realmente funcionan.

Ese es uno de los resultados más importantes del acuerdo alcanzado después del juicio federal que comenzó el 18 de agosto en Oakland, California, y que pretendía determinar hasta dónde llega la responsabilidad de una plataforma por la manera en que diseña sus productos para adolescentes. El juicio terminó antes de llegar a un veredicto.

Meta alcanzó un acuerdo con 47 estados, además de Washington D.C. y territorios estadounidenses, por hasta 17.1 mil millones de dólares, acompañado de modificaciones concretas en Facebook e Instagram. Y aunque la cifra parece gigantesca para Florida no fue suficiente.

Florida rechazó el acuerdo con Meta

A difererencia de los otros estados, Florida decidió no participar y continuar litigando contra la compañía. Su fiscal general, James Uthmeier, consideró insuficientes las condiciones alcanzadas frente al tamaño de Meta y la gravedad de las acusaciones.

Nuevo México tampoco forma parte del acuerdo, aunque por una razón diferente: siguió su propio proceso judicial contra la tecnológica. La diferencia entre estos caminos deja una pregunta incómoda detrás de la cifra: ¿cuánto tendría que costarle a una plataforma cambiar la manera en que está construida? Porque el dinero no es la única consecuencia. En ese sentido, Meta también tendrá que modificar Instagram y Facebook.

El acuerdo contra Meta cambia lo que verá un adolescente

Durante los próximos diez años, Meta deberá mantener una serie de protecciones dirigidas a los menores estadounidenses. Entre ellas aparece un límite diario predeterminado de dos horas para menores de 18 años.

También habrá restricciones durante la noche, limitaciones de notificaciones en horario escolar, mayores mecanismos para comprobar la edad de los usuarios y configuraciones de seguridad activadas por defecto. Además, determinadas funciones relacionadas con la comparación social tendrán restricciones, incluidos los conteos visibles de likes.

Si bien el cumplimiento estará sujeto a evaluaciones externas, la diferencia parece técnica, pero resulta fundamental. Durante años, una compañía podía responder a una crítica señalando: tenemos una herramienta de seguridad. Pero, ahora también tendrá que demostrar si esa herramienta realmente funciona.

Arturo Béjar ya había advertido sobre esa diferencia

Antes de que aparecieran los miles de millones por parte de Meta, hubo un testimonio que ayudó a entender por qué las métricas terminaron convirtiéndose en parte central del caso. Arturo Béjar trabajó durante años en Facebook y posteriormente regresó para colaborar en seguridad dentro de Meta.

Ante el tribunal relató también una experiencia personal relacionada con su hija adolescente, quien había recibido acercamientos sexuales no deseados y vivido otras experiencias negativas mientras utilizaba Instagram. Sin embargo, su crítica iba mucho más allá de su familia.

Béjar cuestionó la diferencia entre aquello que Meta podía medir extraordinariamente bien y aquello que podía permanecer fuera de sus indicadores habituales; Instagram sabe cuántos usuarios regresan, cuánto permanecen, y hasta con qué interactúan. Y a pesar de que una publicación puede no violar formalmente ninguna política y aun así producir una experiencia negativa.

Por eso Béjar participó durante su paso por Meta en un sistema que buscaba preguntar directamente a los usuarios por las malas experiencias que habían tenido dentro de Instagram. En ese sentido, la pregunta dejaba de ser únicamente: ¿cuántas publicaciones rompieron nuestras reglas?

Y comenzaba a ser: ¿cuántas personas tuvieron una mala experiencia aunque ninguna regla se hubiera roto? Porque lo que una compañía decide medir termina influyendo en aquello que intenta mejorar.

Una herramienta puede existir y casi nadie utilizarla

Incluso, el juicio dejó otro ejemplo. Instagram presentó Take a Break como una herramienta para conseguir que los usuarios hicieran una pausa después de permanecer cierto tiempo dentro de la aplicación.

Durante el proceso apareció información interna según la cual, en determinado momento, su adopción entre adolescentes había sido de alrededor del 1.8%.

Ante ello, Adam Mosseri, responsable de Instagram, reconoció durante su declaración que la función no había conseguido el impacto esperado. Aquí aparece una de las contradicciones que recorrieron el caso. Que una plataforma puede anunciar una herramienta de seguridad, eso no significa necesariamente que las personas para quienes fue creada realmente la utilicen.

Meta rechaza que una sola función permita juzgar toda su estrategia de protección. La compañía señala que ha desarrollado cuentas para adolescentes, controles parentales, restricciones de contacto y sistemas para detectar la edad de sus usuarios. El acuerdo tampoco representa una admisión de responsabilidad por parte de Meta.

El uso de Instagram entre adolescentes
Limitar el tiempo frente a Instagram es solo una parte del problema: especialistas señalan que también importa qué contenido consumen los adolescentes y cómo esas experiencias interfieren con el sueño, la convivencia y otras actividades. Foto: Canva

Pero dos horas tampoco significan lo mismo para todos

Si bien, el nuevo límite de tiempo parece convertir un problema complicado en una cifra sencilla: dos horas, después, Instagram se detiene. Desde la psicología infantil queda una pregunta mucho más difícil: ¿qué ocurrió durante esas dos horas?

Para llevar esa discusión fuera del tribunal de California, INTERESANTE consultó en Ciudad de México a Daniela Ordóñez, psicóloga con Diplomado en Neuropsicología Clínica infantil, sobre los efectos que puede tener el uso de redes sociales durante la infancia y adolescencia.

“Dos adolescentes pueden pasar exactamente el mismo tiempo en una red social y tener experiencias completamente diferentes. Hay que observar su edad, etapa de desarrollo, qué contenido consumen, las interacciones que mantienen y si ese uso comienza a interferir con otras áreas de su vida.”

Por eso utilizar Instagram frecuentemente no significa automáticamente tener una adicción.

“Tenemos que observar si existe dificultad para detener el uso, si comienza a desplazarse el sueño, la convivencia, la actividad física, la escuela o actividades que antes eran importantes para el menor. El tiempo es un indicador, pero no puede ser el único.”

Likes, notificaciones y una adolescencia permanentemente conectada

Existe además otra variable: el propio diseño de las plataformas. Durante la adolescencia, la pertenencia y la aprobación de otras personas pueden adquirir particular importancia. Instagram consiguió convertir parte de esa aprobación social en números: likes, seguidores, comentarios, reproducciones y notificaciones.

“Las redes sociales hacen que ciertos estímulos relacionados con la aprobación estén disponibles prácticamente todo el tiempo. Eso no significa que recibir un like produzca un daño psicológico, pero sí tenemos que observar qué ocurre cuando la validación social se vuelve permanente y cuantificable», señala Ordóñez y apunta también a algo que puede observarse fuera de la pantalla.

“Los padres deberían mirar los cambios. Dormir menos, tener mucha dificultad para separarse del teléfono, abandonar actividades que antes disfrutaban o presentar cambios emocionales relacionados con lo que ocurre en redes pueden ser señales para prestar atención.”

En CDMX la discusión ya llegó a las escuelas

Mientras Estados Unidos comienza a intervenir directamente en el diseño de Instagram, la Ciudad de México está tomando otro camino. En mayo de 2026, el Congreso capitalino aprobó por unanimidad una reforma para regular el uso de teléfonos celulares en las primarias y secundarias de la ciudad.

La medida incorpora el concepto de aprendizaje digital responsable y busca establecer reglas sobre la utilización de dispositivos móviles y tecnología digital dentro de las aulas. Aunque no es todavía el equivalente mexicano del acuerdo contra Meta, la diferencia es importante.

Mientras Estados Unidos está interviniendo directamente sobre la plataforma, en CDMX se está interviniendo sobre el espacio donde los menores utilizan el dispositivo.

Pero ambas respuestas nacen de una preocupación semejante: qué ocurre cuando una tecnología diseñada para capturar atención entra en una etapa de la vida en la que la concentración, el sueño, la convivencia y la formación todavía se están desarrollando. Y México podría ir más lejos.

En agosto, el gobierno federal inició una consulta con más de un millón de docentes de educación básica para discutir una posible regulación nacional del uso de celulares, plataformas digitales y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes.

La propia Presidencia señaló que 16 estados ya cuentan con alguna regulación relacionada con celulares en las escuelas Por ello, la discusión que ocurre en California, entonces, ya no resulta tan lejana.

Meta aprendió a medir nuestra atención, ahora tendrá que medir algo más

El acuerdo no termina con la discusión, Florida seguirá litigando y otros procesos judiciales continúan. Mientras México está comenzando su propia conversación sobre celulares y redes sociales. Y todavía falta saber si las nuevas medidas estadounidenses conseguirán cambiar realmente la experiencia de los adolescentes.

Pero algo sí parece estar cambiando; durante años, las plataformas digitales perfeccionaron métricas para medir clics, reproducciones, sesiones, retención y tiempo de permanencia porque esos números ayudaban a construir mejores productos y mejores negocios. Ahora comienza a aparecer otra exigencia: demostrar que las protecciones también funcionan.

Un adolescente de Ciudad de México y otro de California pueden abrir prácticamente el mismo Instagram y los algoritmos atraviesan la frontera sin ningún problema, pero las protecciones todavía no. Quizá por eso el verdadero legado del caso contra Meta no termine siendo los 17.1 mil millones de dólares.

Puede ser obligar a una plataforma construida para saber cuánto tiempo consigue mantener nuestra atención a demostrar también qué está haciendo para proteger a quienes todavía están creciendo frente a ella.

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