Los lentes inteligentes representan una nueva etapa en la que la vigilancia digital deja de percibirse como tecnología para convertirse en parte del estilo de vida. Los lentes inteligentes representan una nueva etapa en la que la vigilancia digital deja de percibirse como tecnología para convertirse en parte del estilo de vida.

La vigilancia dejó de dar miedo cuando empezó a verse bonita

La colaboración entre Meta y Kylie Jenner va más allá de unos lentes inteligentes. En Interesante analizamos cómo la moda y el diseño están convirtiendo la vigilancia digital en un objeto de deseo y cambiando nuestra idea de la privacidad.

Durante años, una cámara oculta era motivo de desconfianza. La idea de que alguien pudiera grabarnos sin nuestro consentimiento provocaba rechazo. Hoy, esa misma tecnología llega integrada en unos lentes de diseñador, un reloj inteligente o un timbre conectado a internet. Ya no se presenta como un mecanismo de vigilancia, sino como una herramienta para capturar recuerdos, mejorar la salud o facilitar la vida cotidiana.

La reciente campaña de Kylie Jenner con los Meta Glasses es una señal de ese cambio cultural. No solo busca atraer a un público más amplio hacia los lentes inteligentes. También refleja cómo la industria tecnológica descubrió que la mejor forma de normalizar dispositivos con cámaras y sensores permanentes era convertirlos en accesorios de moda.

Cuando el diseño cambia nuestra idea de la vigilancia

La historia de la tecnología demuestra que la adopción masiva rara vez depende únicamente de las funciones de un producto; también está determinada por la forma en que este es percibido por las personas.

Los teléfonos inteligentes dejaron de ser simples herramientas para hacer llamadas y se convirtieron en símbolos de identidad y estilo de vida. Los relojes inteligentes, por su parte, evolucionaron de dispositivos enfocados en el deporte y el monitoreo físico a accesorios de uso cotidiano. Ahora, un proceso similar comienza a observarse con los lentes inteligentes. Incluso, la cámara ya no parece una cámara, parece un accesorio.

Ese cambio de percepción importa porque modifica nuestra relación con la privacidad. Un dispositivo capaz de grabar, escuchar o analizar el entorno genera menos resistencia cuando también representa diseño, estatus o comodidad.

Del panóptico al accesorio inteligente

A finales del siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham imaginó el panóptico, un modelo de prisión donde un vigilante podía observar a todos los prisioneros sin que ellos supieran cuándo eran observados.

Dos siglos después, Michel Foucault utilizó esa idea para explicar una forma de poder más amplia: las personas terminan regulando su propio comportamiento cuando asumen que siempre pueden ser observadas. El mundo digital no reproduce exactamente ese modelo, pero recupera parte de su lógica.

Hoy ya no necesitamos una torre de vigilancia. Llevamos voluntariamente cámaras, micrófonos y sensores en el bolsillo, en la muñeca o, cada vez más, en el rostro.

La economía de nuestros datos

La académica Shoshana Zuboff, autora de The Age of Surveillance Capitalism, sostiene que muchas empresas tecnológicas construyeron un modelo de negocio basado en convertir nuestros datos de comportamiento en un recurso económico. Cuanto más conocen nuestros hábitos, mejores son sus sistemas para personalizar publicidad, entrenar inteligencia artificial y desarrollar nuevos servicios.

Los lentes inteligentes forman parte de esa evolución. Meta anunció que las ventas de sus gafas inteligentes Ray-Ban Meta ya superaron los dos millones de unidades y que busca elevar su capacidad de producción hasta 10 millones de dispositivos al año en los próximos años, una señal de que esta categoría deja de ser un experimento para convertirse en un producto de consumo masivo.

Mientras tanto, estudios del Pew Research Center muestran que la mayoría de los usuarios considera importante proteger su privacidad, pero también reconoce tener poco control sobre cómo las empresas utilizan su información personal. Esa contradicción refleja un fenómeno conocido como la paradoja de la privacidad: decimos valorar nuestros datos, pero seguimos intercambiándolos por comodidad.

Campaña de lentes inteligentes refleja el vínculo entre moda, tecnología y privacidad.
Campaña de lentes inteligentes refleja el vínculo entre moda, tecnología y privacidad. Foto: Meta

Lo que realmente estamos comprando

Quizá la mayor innovación de esta nueva generación de dispositivos no sea la inteligencia artificial ni la calidad de sus cámaras. Tal vez sea haber cambiado la narrativa.

La vigilancia ya no se presenta como vigilancia. Se vende como productividad, seguridad, memoria, traducción en tiempo real o estilo personal. El diseño consiguió que la conversación dejara de centrarse en lo que estos dispositivos pueden registrar para enfocarse en todo lo que prometen hacer por nosotros.

Por eso la colaboración entre Kylie Jenner y Meta importa mucho más de lo que parece. No se trata únicamente de una campaña para vender lentes inteligentes. Representa el momento en que una tecnología que durante años despertó dudas sobre la privacidad entra de lleno en el mundo de la moda y el consumo aspiracional. La cámara deja de ser el centro de la conversación; ahora lo son el diseño, la marca y el estilo de vida.

Jeremy Bentham imaginó una prisión donde la vigilancia funcionaba porque nadie sabía cuándo estaba siendo observado. Más de dos siglos después, el panóptico ya no necesita esconderse. Puede aparecer en una campaña protagonizada por una celebridad o convertirse en el accesorio de moda de la temporada. Quizá el mayor triunfo de la industria tecnológica no fue crear dispositivos capaces de observarnos, sino lograr que millones de personas quieran llevarlos puestos porque, simplemente, empezaron a verse bien.

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