Hay un momento en el que una rutina deja de sentirse como un ritual de belleza y empieza a parecerse a un laboratorio doméstico. Una máscara de silicona roja cubre el rostro mientras alguien termina un capítulo de su serie favorita. Veinte minutos después, el dispositivo vuelve a su estuche y la vida continúa. La escena habría parecido ciencia ficción hace apenas una década.
Andrea Cuesta, Head of Marketing and Communications de FOREO, lleva la conversación hacia ese cambio sin necesidad de exagerarlo. «No somos una empresa regular de skin care o de belleza, somos una beauty tech». La frase aparece casi al principio de la entrevista y termina explicando todo lo que viene después.
La industria de la belleza atraviesa una transformación silenciosa. Según Grand View Research, el mercado global de dispositivos para el cuidado de la piel superó los 19 mil millones de dólares en 2024 y mantiene una trayectoria de crecimiento impulsada por consumidores que buscan tratamientos desde casa. Al mismo tiempo, la American Academy of Dermatology insiste en que cualquier tecnología doméstica debe entenderse como complemento y no como sustituto de la atención médica especializada. Esa tensión atraviesa también el discurso de FOREO.
«Nosotros jamás hablamos de reemplazar tratamientos de grado médico», insiste Cuesta. «Lo que hacemos es acompañarlos y prolongar sus beneficios». La precisión importa. En una época donde casi cualquier producto promete resultados milagrosos, la empresa prefiere colocar un límite antes que vender una ilusión.
Cómo FOREO convirtió la tecnología en el centro del cuidado de la piel
Quizá por eso toda la historia vuelve siempre al mismo objeto: el limpiador facial de silicona que la marca lanzó hace trece años y que hoy vive su cuarta generación. Cuesta sonríe cuando admite que «hoy lo vemos muy básico», aunque en realidad fue el punto de partida de una familia completa de dispositivos construidos alrededor de las pulsaciones T-Sonic, una tecnología patentada que limpia la piel sin alterar su barrera cutánea. Después llegaron UFO, con crioterapia y termoterapia, Bear, con microcorrientes, y más recientemente FAQ Swiss, una línea especializada en fototerapia LED nacida tras más de una década de investigación de su fundador.
«La innovación necesita demostrar primero que puede cuidar», dice Cuesta mientras explica por qué la aplicación de la marca funciona como una guía educativa antes que como una plataforma obsesionada con recolectar datos. El dispositivo puede usarse con la app o sin ella. La decisión queda del lado del usuario porque, al final, la tecnología también necesita aprender cuándo hacerse invisible.
El futuro del beauty teach
Hay otra respuesta que resulta reveladora. Cuando le preguntan por la siguiente frontera del beauty tech, Cuesta adelanta una primicia: la empresa prepara su entrada al mercado de suplementos porque entiende el bienestar como un proceso más amplio que la superficie de la piel. La conversación deja entonces de hablar únicamente de gadgets para hablar de hábitos.
La mejor tecnología desaparece cuando empieza a sentirse como un hábito.
Quizá esa sea la verdadera historia detrás de esta industria. Durante años perseguimos la crema perfecta. Ahora empezamos a discutir ingeniería, evidencia científica y diseño. La belleza sigue frente al espejo; la conversación, poco a poco, se está mudando al laboratorio.