¿Los run clubs terminaron con el alcohol?

Entre el auge del wellness y nuevas formas de consumo, correr en grupo revela cómo la Gen Z está redefiniendo la vida social

Runs clubs. A las siete de la tarde, frente a la Diana Cazadora, alguien sube el volumen del reggaetón. Las luces LED comienzan a encenderse como si fuera un ritual y, por un momento, la ciudad parece prepararse para otra cosa que no es correr. Un grupo de cien, quizá ciento cincuenta personas, se acomoda los tenis, revisa el reloj inteligente y sonríe sin conocerse.

En la Ciudad de México, correr dejó de ser una actividad solitaria para convertirse en una escena. Midnight runners, lo que empezó como un club de corredores en Londres encontró aquí otra lógica: más ruido, más gente, más mirada compartida. Un pelotón avanza por Reforma como si reclamara su lugar, no solo en la calle, también en el imaginario de lo que significa “salir”.

Run Clubs, cambiar el escenario no la intención

Mariana llega tarde, como siempre. Tiene 29 años, trabaja en marketing y dice que antes salía tres veces por semana a bares en la Roma. Ahora corre los miércoles. “Es lo mismo, pero me siento mejor al día siguiente”, me dice mientras ajusta sus agujetas fluorescentes. Corre cinco kilómetros, se detiene en los semáforos, ríe con desconocidos y, al final, acepta la cerveza que alguien reparte en una hielera improvisada. No dejó de salir, solo cambió el escenario.

Esa transformación no es anecdótica. Según datos recientes del sector fitness en México, menos del 5% de la población asiste a un gimnasio de forma regular, lo que sugiere que la mayoría sigue encontrando otras formas —más flexibles, más sociales— de acercarse al ejercicio. Al mismo tiempo, la industria global del wellness superó los 5.6 billones de dólares en 2023, según el Global Wellness Institute, impulsada en buena parte por generaciones jóvenes que buscan experiencias que mezclen salud y comunidad.

El mercado del wellness en México supera los 5.6 billones de dólares. Crédito: @midnightrunnersmexicocity

¿Bebemos alcohol o buscamos estatus?

En paralelo, el consumo de alcohol no desaparece, solo cambia de forma. Como explica Alejandra Villegas, editora de Donde Ir, la Gen Z en México sigue bebiendo, pero bajo una lógica distinta: menos intensidad, más experiencia, más estética compartible. La michelada temática o el spritz ligero funcionan como pretexto, igual que antes lo hacía el tequila en barra. El punto no es la bebida, es el momento que se puede contar después.

Por eso los run club se parece tanto a un antro. Hay música, códigos de pertenencia, objetos que comunican estatus —tenis de edición limitada, relojes deportivos— y, sobre todo, una narrativa compartida. Alguien pregunta por tus zapatos en lugar de ofrecerte un trago. La conversación cambia de forma, no de intención.

Un corredor lo dice sin rodeos mientras estira en la banqueta: “Corres para ganarte la chela”. No suena contradictorio, suena honesto. En ese equilibrio se mueve toda una generación que no busca pureza, sino combinación. Fitness entre semana, fiesta el fin de semana. O ambas cosas al mismo tiempo.

Menos intensidad y más comunidad; el fenómeno donde correr es el pretexto para el nuevo networking social. Crédito: @midnightrunnersmexicocity

El equilibrio de una generación híbrida

Porque en el fondo, el impulso es el mismo. Israel Vázquez, reconocido experto en destilados, mixología y cultura de bares en México, lo resume con claridad: el deseo de alterar la conciencia no desaparece, solo cambia de forma. Antes era la oscuridad del antro; ahora, la luz de un semáforo en rojo donde cien personas hacen burpees al mismo ritmo.

La escena se repite cada semana. La música sube, alguien graba un video, otro aplaude sin motivo aparente. La ciudad observa, detenida por unos minutos. Y en medio de ese caos coordinado aparece la frase que define todo el movimiento: sudar juntos se volvió la nueva forma de no sentirse solo.

Cuando el grupo finalmente se dispersa, quedan las botellas vacías, el eco de la música y una sensación difícil de nombrar. No es exactamente cansancio. Tampoco es euforia. Es algo más cercano a haber estado, por un instante, exactamente donde querías estar.

Cambio de hábitos: La Gen Z desplaza el consumo de alcohol hacia experiencias híbridas. Crédito: @midnightrunnersmexicocity

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