Hace unos años, el principal atractivo de la inteligencia artificial era su capacidad para generar contenido. Hoy, esa capacidad ya no sorprende. Los modelos más avanzados pueden redactar artículos, producir imágenes, resumir investigaciones e incluso sostener conversaciones complejas. Sin embargo, durante el Primer Encuentro de Periodismo e Inteligencia Artificial, organizado por Interesante.com la discusión giró alrededor de una pregunta más importante: ¿cómo mantener la confianza cuando una máquina también participa en la producción de información?
El problema no es que la IA escriba, sino que puede equivocarse
La respuesta apareció desde las primeras intervenciones. Alejandra Villegas, editora de Dónde Ir, recordó algunos de sus experimentos iniciales con herramientas de inteligencia artificial. Al pedir recomendaciones o información específica, encontró respuestas incorrectas que parecían convincentes. Por eso fue contundente al describir una de las limitaciones más importantes de estos sistemas: «Yo hice muchos experimentos. Iba con ChatGPT y le decía: ‘Oye, dime 10 museos que abran en lunes’, y me daba respuestas que no eran correctas. Entonces yo siento que por eso la perspectiva o el trabajo de uno como reportero, periodista, editor, sigue siendo muy importante porque la herramienta alucina, la herramienta no tiene todo el conocimiento».
Y si de alucinar se trata, el término se ha vuelto común dentro de la industria tecnológica. Una alucinación ocurre cuando un modelo genera información falsa, imprecisa o inventada, pero la presenta con seguridad y coherencia. El problema no es únicamente el error. El problema es que muchas veces el error parece creíble.
Por esa razón, varios participantes coincidieron en que el papel del periodista está cambiando. Más que competir contra la IA en velocidad de producción, su función se orienta cada vez más hacia la validación, la verificación y el control editorial.
La transparencia se está convirtiendo en un nuevo estándar
La conversación también abordó una práctica que comienza a aparecer con mayor frecuencia en medios, plataformas y proyectos creativos: indicar cuándo un contenido fue generado o asistido por inteligencia artificial.
El tema surgió cuando los participantes discutieron notas periodísticas, piezas musicales y trabajos literarios desarrollados con apoyo de IA. Más allá de la calidad del resultado, apareció una preocupación común: la audiencia tiene derecho a saber cómo fue producido aquello que consume.

Por su parte, Armando Monsiváis, Estratega en comunicación en Intelego para marcas como PepsiCo, Heineken y BBVA, planteó que la confianza será uno de los elementos más importantes para la convivencia entre humanos e inteligencia artificial. El desafío no consiste únicamente en utilizar estas herramientas, sino en explicar claramente dónde participaron y qué papel desempeñaron en el proceso.
La observación resulta especialmente relevante porque la transparencia está dejando de ser una cuestión técnica para convertirse en una cuestión cultural. Si antes la pregunta era qué decía una nota, ahora también importa saber quién la escribió y qué papel tuvo la IA en el proceso.
La confianza podría convertirse en el recurso más valioso de los medios
Quizá el ejemplo más ilustrativo llegó cuando se habló de un reciente caso literario que generó controversia internacional. Un texto premiado comenzó a ser señalado por lectores y especialistas que sospechaban la intervención de inteligencia artificial en su elaboración. Más allá del resultado de este suceso, quedó en evidencia una nueva preocupación: saber cuándo una obra fue escrita por una persona y cuándo intervino una inteligencia artificial.
Sin duda, ello representa un cambio importante para los medios de comunicación. Durante décadas, la credibilidad se construyó alrededor de marcas, firmas periodísticas y procesos editoriales. Ahora esa confianza tendrá que extenderse también a la forma en que se utilizan las herramientas tecnológicas.
Sabemos que la inteligencia artificial seguirá mejorando. Generará textos más naturales, imágenes más realistas y respuestas más convincentes. Pero el conversatorio de Interesante.com dejó una conclusión difícil de ignorar: la capacidad de producir contenido ya no será suficiente para construir confianza.
En la era de la IA, la ventaja competitiva no estará únicamente en quién publica primero. Estará en quién puede demostrar mejor por qué vale la pena creerle.
