Las fondas: así resisten la gentrificación en CDMX

Menús en inglés, pagos digitales y comida casera: así se preparan las fondas rumbo al Mundial 2026.

A las dos de la tarde, en una fonda del Mercado de Medellin en la colonia Roma, el vapor del arroz empaña un espejo pequeño junto a la caja. Afuera pasa una pareja de turistas buscando dónde comer; adentro, las cucharas chocan contra platos de plástico mientras alguien grita “ya salió el guisado”. La escena parece mínima, casi invisible, hasta que uno entiende que lugares así sostienen el ritmo diario de la ciudad.

En la Ciudad de México, las fondas representan cerca del 35% de los establecimientos de comida, según datos recientes de Fundación Placemaking y Canaco CDMX. Durante años fueron una infraestructura silenciosa: alimentaban oficinistas, estudiantes, choferes y familias enteras con precios accesibles en platillos caseros sin necesidad de algoritmos, branding ni menús bilingües. Ahora sobreviven en una ciudad que cambia de idioma cada pocos metros. Las rentas suben, los edificios se remodelan y el café de especialidad avanza donde antes había comida corrida de ochenta pesos.

Una fonda en el Mercado Medellín en la Ciudad de México. Crédito: Google Maps

Las fondas y la batalla por seguir perteneciendo a la CDMX

Luciana Renner, directora de Placemaking México, evita usar la palabra gentrificación como una etiqueta absoluta. “Yo le llamaría procesos de desplazamiento”, explica en una entrevista reciente, insistiendo en que la conversación debe mirar lo particular y lo local. La diferencia importa porque cambia el foco: el problema deja de ser una tendencia abstracta y vuelve a las personas que habitan la ciudad todos los días. En corredores como Reforma o la Roma, donde se concentran oficinas y turismo, también se acumulan algunos de los costos de renta más altos de la capital. Ahí es donde muchas fondas empiezan a desaparecer lentamente.

Hace unos meses comenzó una nueva edición de Menú del Día, un programa impulsado por Fundación Placemaking, American Express y The Place Institute para preparar fondas rumbo al Mundial de 2026. El proyecto busca enseñar desde pagos digitales hasta traducción automática de menús mediante inteligencia artificial. Puede sonar como un ajuste técnico, pero detrás hay una presión enorme: la Ciudad de México espera recibir más de 1.1 millones de turistas internacionales y una derrama superior a 26 mil millones de pesos durante el torneo. El dinero llegará rápido; la pregunta es quién logra alcanzarlo.

Renner insiste en que el reto no se resuelve únicamente con inversión. “Tenemos que volver a pensar en la escala comunitaria”, dice, hablando de mecanismos donde el beneficio económico también permanezca en lo local. Por eso el programa evita el modelo del apoyo pasajero y apuesta por capacitación, redes y permanencia. En sus palabras, se trata de fortalecer negocios “amigables con locales y visitantes”. La idea tiene algo profundamente urbano: permitir que una fonda pueda aceptar tarjeta o aparecer en Google Maps sin perder aquello que la volvió indispensable.

En colonias como Roma y Juárez, las fondas enfrentan el aumento de rentas y los procesos de desplazamiento. Crédito Vania Nava en Wikimedia Commons.

¿Las fondas como tercer espacio de la CDMX?

Hay algo extraño en las fondas de la Ciudad de México. Funcionan como restaurante, comedor comunitario y refugio emocional al mismo tiempo. Renner lo explica desde la lógica del placemaking: los espacios públicos valiosos permiten encuentro, permanencia y reconocimiento mutuo. Tal vez por eso una fonda llena produce una sensación difícil de replicar en otros lugares. El mesero recuerda quién pide arroz sin chícharos, alguien comparte la salsa de la mesa vecina y una televisión vieja transmite noticias con el volumen demasiado alto. Durante unos minutos, la ciudad deja de sentirse anónima.

“Las ciudades sobreviven cuando todavía queda tiempo para sentarse juntos.”

Quizá el verdadero tercer espacio público de la Ciudad de México nunca fue una gran plaza intervenida ni un corredor espectacular. Quizá siempre estuvo entre el olor a tortillas calientes, un vaso de agua de jamaica y el ruido constante de una cocina abierta. Al elegir una comida corrida, participas en un acto de preservación y apoyas historias de éxito lideradas mayoritariamente por mujeres.

Para la directora de Placemaking, es vital que las personas «volteen a verlas como estos lugares que si desaparecen, se va a perder un componente cultural y económico de nuestra ciudad muy importante«. Integrar estas fondas a mapas digitales y modernizar sus procesos es una estrategia vital para que sigan siendo ese espacio donde la comunidad se encuentra y se reconoce.

Programas como Menú del Día buscan ayudar a fondas locales a integrarse al turismo internacional sin perder identidad. Crédito Google Maps.

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