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Mi viaje en la redacción con IA y qué sucede con lo humano

Este ensayo explora la tensión entre automatización y sensibilidad humana desde una experiencia real dentro de Interesante.com.

Hace tres meses entré a la redacción de Interesante.com con una mezcla extraña de curiosidad y resistencia. Afuera, la conversación pública sobre inteligencia artificial parecía dividida entre el entusiasmo absoluto y el miedo silencioso. Adentro, mientras abría ChatGPT para estructurar una nota, seguía resonando una pregunta que el músico y artista sonoro Chimijo lanzó una noche de sobremesa: “¿Qué pasa cuando la inteligencia artificial hace lo más humano que tenemos, que es el arte? ¿Qué nos queda?”.

El prejuicio silencioso contra la IA en las redacciones

La pregunta no apareció en abstracto. Llevo escribiendo en medios desde 2012 y conozco la vieja liturgia del periodismo: reportear, llamar, escuchar respiraciones incómodas del otro lado del teléfono, encontrar una voz propia después de varias versiones fallidas. Por eso me sorprendió descubrir que, dentro de la redacción de interesante.com, la inteligencia artificial no aparecía como un reemplazo sino como infraestructura silenciosa. Una herramienta que acomoda, resume, ordena. Nunca como el origen de una historia.

La transformación ocurre más rápido de lo que alcanzamos a procesarla. Según Goldman Sachs, la IA generativa podría impactar hasta 300 millones de empleos de tiempo completo en los próximos años. Mientras tanto, empresas editoriales ya utilizan algoritmos para detectar manuscritos prometedores y analizar hábitos de lectura con precisión obsesiva. Un artículo reciente sobre la industria editorial señalaba que los sistemas de recomendación de Amazon generan alrededor del 35% de sus ventas totales. El dato impresiona menos cuando uno entiende cómo funciona: la máquina aprende qué leíste, cuánto tiempo te detuviste, en qué página abandonaste una novela y qué portada te hizo detener el dedo un segundo más.

En la época dorada de la IA es importante reflexionar ¿qué es aquello que no puede hacer? Crédito: Canva.

La tecnología puede ordenar palabras, pero no vivir historias

En las redacciones, el prejuicio todavía pesa. Basta que un texto tenga ritmo limpio o estructura clara para que alguien pregunte, casi con sospecha: “¿Eso lo escribió una IA?”. Sin embargo, la experiencia cotidiana empieza a mostrar otra cosa. Hoy utilizo herramientas generativas para ordenar información, mejorar estructura y optimizar lectura digital, pero las entrevistas, la investigación y la mirada siguen dependiendo de una persona sentada frente a otra. Ningún sistema reemplaza la tensión de una conversación real ni la intuición que aparece cuando alguien baja la voz antes de decir algo importante.

La inteligencia artificial ya evolucionó de los viejos chatbots rígidos hacia agentes capaces de navegar sitios web, programar tareas y producir contenido complejo. Eduardo Morales, presidente de la Academia Mexicana de Computación, advirtió recientemente que estos sistemas ya forman parte masiva de la vida cotidiana y que su uso avanza más rápido que la discusión ética sobre sus consecuencias. La velocidad tecnológica empieza a sentirse en espacios muy concretos: aulas, oficinas, estudios de diseño, medios digitales. Y quizá por eso la conversación dejó de ser futurista. Ahora es profundamente personal.

“La creatividad empieza a desaparecer cuando dejamos de mirar de cerca.”

Ahí está la tensión verdadera. La IA puede estructurar un texto impecable y encontrar la palabra ideal para el algoritmo, pero todavía necesita que alguien salga a la calle, observe un gesto mínimo y entienda por qué vale la pena contarlo.

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La mirada humana sigue ocurriendo fuera de la pantalla. Crédito: Canva

Conversar sobre IA antes de que otros decidan por nosotros

Por eso la conversación no debería quedarse atrapada entre pantallas. El próximo 4 de junio, la Universidad de la Comunicación, en la colonia Roma de la Ciudad de México, abrirá un espacio gratuito para discutir justamente estas preguntas en el encuentro Interesante IA: Primer Encuentro de Convergencias entre Periodismo, Contenidos e Inteligencia Artificial”. Participarán perfiles como Cristina Salmerón, Arturo J. Flores, Alejandra Villegas, Armando Monsiváis y Rebeca Ballesteros. Yo tendré el honor de moderar el panel. Quizá porque entender esta nueva época exige algo que ninguna máquina ha logrado replicar del todo: sentarnos juntos a conversar sobre lo que sentimos mientras el mundo cambia.

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