La canción de Inglaterra en el Mundial 2026 pudo haber sido “Sweet Caroline”, el clásico de Neil Diamond que acompañó a la selección en torneos anteriores. También pudo ser “Hey Jude”, de The Beatles, convertida en un canto inevitable para Jude Bellingham cada vez que el mediocampista vuelve a decidir un partido. Sin embargo, la melodía que jugadores y aficionados terminaron cantando después de las victorias fue “Wonderwall”, de Oasis.
La elección no llegó desde la FIFA ni fue diseñada por una agencia. Comenzó después de la victoria inglesa sobre Croacia, cuando la canción sonó en el estadio y produjo un canto compartido entre la tribuna y los jugadores. La escena se repitió durante el torneo hasta convertir a “Wonderwall” en el himno no oficial de Inglaterra y devolverla a las listas globales de reproducción.
Pero Oasis no llegó al futbol inglés de repente. La historia empezó mucho antes y con una canción distinta.
Cuando una canción dejó de ser solo de Oasis
El 22 de mayo de 2017, un atentado al final de un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena dejó 22 personas muertas. Tres días después, durante una vigilia en St. Ann’s Square, la multitud permanecía en silencio cuando Lydia Bernsmeier-Rullow comenzó a cantar sola “Don’t Look Back in Anger”.
Nadie lo había organizado. No había músicos ni escenario. Cuando llegó el coro, las personas reunidas comenzaron a acompañarla. La escena circuló por todo el mundo y transformó una canción de britpop en una expresión colectiva de duelo, resistencia y pertenencia.
Desde aquel momento, “Don’t Look Back in Anger” dejó de pertenecer únicamente a Oasis. Se convirtió en el idioma emocional de Manchester: una manera de responder al dolor sin negar que había ocurrido.
Un año después, Inglaterra alcanzó las semifinales del Mundial de Rusia 2018 y perdió frente a Croacia. Mientras jugadores y aficionados procesaban otra eliminación, la canción volvió a sonar sin planearlo. Ya no acompañaba solamente una tragedia; también ayudaba a una afición acostumbrada a perder a decir que seguía en pie.
Del dolor de “Don’t Look Back in Anger” a la esperanza de “Wonderwall”
Durante los años siguientes, la relación entre Oasis, Manchester y el futbol se hizo todavía más visible. Liam y Noel Gallagher nunca ocultaron su apoyo al Manchester City, que entre 2019 y 2024 se consolidó como la fuerza dominante del futbol inglés. Las canciones de la banda quedaron asociadas con títulos, celebraciones y una ciudad que comenzaba a ganar después de décadas construyendo parte de su identidad alrededor de la espera.
Después llegó el regreso de Oasis. Tras 16 años separados, los hermanos Gallagher volvieron a compartir escenario en 2025, en una gira que convirtió la nostalgia británica en un acontecimiento cultural.
La coincidencia era perfecta. Mientras Oasis regresaba, Inglaterra llegaba al Mundial con una generación capaz de reactivar una esperanza suspendida desde 1966.
En las tribunas había varias canciones compitiendo por expresar ese momento. “Sweet Caroline” representaba el repertorio conocido de los torneos recientes. “Hey Jude” tenía una historia más personal: los aficionados tomaron el título de The Beatles y lo convirtieron en homenaje a Bellingham, estirando su famoso “na-na-na” cada vez que el número 10 aparecía. La asociación ya había ganado fuerza en la Eurocopa de 2024 y volvió a crecer durante este Mundial gracias a sus goles decisivos.
Sin embargo, “Wonderwall” terminó imponiéndose porque no hablaba de un solo jugador ni pertenecía a un torneo anterior. Podía ser cantada por todos. Tenía nostalgia, pero también expectativa. Era una canción suficientemente abierta para que una generación entera depositara en ella su propia promesa.
Si “Don’t Look Back in Anger” decía: sobrevivimos al dolor, “Wonderwall” empezó a decir algo diferente: quizá esta vez podamos creer.

El futbol también reescribe canciones
Oasis no es un caso aislado. “Seven Nation Army”, de The White Stripes, pasó del rock alternativo a convertirse en un idioma universal de los estadios. “Freed From Desire”, de Gala, encontró una segunda vida cuando las aficiones comenzaron a cambiar su letra para dedicársela a sus jugadores. Incluso, “Live Is Life”, de Opus, quedó ligada para siempre a Diego Maradona después de aquel calentamiento convertido en una de las imágenes más repetidas del futbol.
La diferencia es que pocas bandas han acompañado tantas capas emocionales de una misma comunidad como Oasis. Sus canciones han servido para llorar a una ciudad, resistir una eliminación, celebrar campeonatos y volver a creer en una selección.
Quizá Noel Gallagher nunca imaginó que “Wonderwall” terminaría siendo cantada por miles de ingleses que esperan volver a ganar un Mundial después de 60 años. Tampoco pudo anticipar que “Don’t Look Back in Anger” ayudaría a Manchester y al futbol inglés a procesar pérdidas completamente distintas.
Ahí está la verdadera fuerza de un himno. No depende de aquello para lo que fue escrito, sino de la historia que una comunidad decide colocar dentro de él.
