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Antonio García, el joyero de Nodal y Xavi: «Mi trabajo es una obra de arte»

Antonio García, fundador de Braggao, diseña joyas para artistas como Nodal y Xavi, combinando diamantes, tecnología, IA y una historia.

Todo empezó con una cadena prestada. Era de su abuelo, su mamá la guardaba y Antonio García comenzó a usarla hasta que ella puso un límite sencillo: “trabájale y ahorra para que te compres la tuya, porque esa es la mía”. Antonio fue a buscar una cadena y terminó encontrando un oficio.

En el Centro Joyero descubrió algo que le incomodó: cientos de vitrinas parecían repetir la misma pieza. “Era todo muy masivo y vender, vender, vender”. Frente a esa lógica decidió diseñar. Aprendió manufactura, experimentó con diamantes y empezó a crear piezas que, según recuerda, hacían pensar: “este niño loco, ¿qué está haciendo?”.

La intuición tenía sentido ya que Guadalajara, Jalisco, de donde es Antonio, sigue siendo uno de los centros importantes de la joyería mexicana: en 2024 exportó 66.6 millones de dólares en artículos de joyería de metales preciosos, según Data México. Ese mismo año, México registró 394 millones de dólares en exportaciones de esa categoría y Estados Unidos fue su principal destino, con 345 millones.

Antonio García con Braggao busca dar diseño e historia a las joyas

Antonio eligió competir no desde el gramaje sino desde el diseño. Christian Nodal fue el primero en abrirle una puerta hacia los artistas. Antonio comenzó diseñándole joyas y, como cuenta, “a cumplirle todas las locuras que me pedía”. Nodal terminó convirtiéndolo en su “joyero de cabecera” y recomendándolo con músicos y productores.

Con los años, los retos y la manera en que entiende a sus clientes han cambiado. Con Xavi, por ejemplo, diseñaron un corazón convertido en una especie de pócima, parecido a un pequeño perfume. El cantante lo llevó durante su disco y su gira hasta convertirlo en parte de su imagen. Dentro había una referencia bíblica relacionada con la restauración del corazón, conectada, según le explicó Xavi, con la historia detrás de “La Diabla”. “Ahí deja de ser un accesorio y empieza a ser algo fundamental para su imagen, para su carrera y para lo que él quiere transmitirle al público”.

Ahí aparece la idea que atraviesa el trabajo de Braggao: una joya permanece cuando consigue guardar una historia dentro.

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La joya hecha a Xavi seLa joya hecha a Xavi se convirtió en una pieza de arte por el detalle y el significado. Crédito: Braggao

La innovación en Braggao

La tecnología entra después. Antonio García diseña por computadora, imprime modelos en cera con máquinas 3D, utiliza microscopios para mejorar los montados y recurre al grabado láser. También emplea inteligencia artificial para generar ideas, sombras o realismo en los bocetos. Pero marca una frontera: “sirve, pero no es el 100% del trabajo, siempre debe llevar ese toque humano y artístico”.

Incluso los diamantes pasan por esa búsqueda. Un ejemplo es el dije de Armenta, donde Braggao llevó las piedras fuera de los cortes geométricos tradicionales. Antonio explica que ellos mismos cortan los diamantes en formas asimétricas para crear un efecto parecido al de un vidrio estrellado: fragmentos irregulares que, juntos, parecen un empedrado o una superficie cuarteada. “Tratamos de hacer cosas que no se ven fácilmente y que hacen que la gente se rompa un poco la cabeza preguntándose cómo lo logramos”.

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Armenta y sus joya

¿Por qué el detalle tiene precio?

Antonio encuentra una metáfora inesperada para explicar esa obsesión: un arroz que probó en Señora Tanaka en Polanco. El plato parecía familiar hasta que un ingrediente cambiaba por completo la experiencia. “Qué increíble sabor”, recuerda. Para él, Braggao debería provocar algo parecido: abrir una caja, tocar una pieza y descubrir detalles capaces de sacarte de aquello a lo que estás acostumbrado. “Tendría que ser un platillo que te vuele la cabeza y que digas ‘lo quiero seguir comiendo, no quiero que se termine’”.

Ese arroz explica también por qué el detalle tiene un precio. Una pieza puede tardar entre dos y tres meses en fabricarse; llegar al diseño correcto puede tomar desde una semana hasta otros tres meses. Cuando alguien cuestiona el costo, Antonio vuelve a la misma convicción: “yo no estoy vendiendo a granel. Mi trabajo es una obra de arte”.

Quizá por eso, segundos antes de una entrega, Antonio observa el montado, el dije, la cadena y la caja. La mira otra vez y piensa que quisiera dejarla ahí, dentro de una vitrina, un poco más. “Qué perro está, la quiero tener aquí en una vitrina y que no se la lleven”.

Como aquel arroz la pieza puede parecer reconocible al principio. Luego aparece un detalle inesperado, y cambia todo.

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