«La vida de Chuck»: La película. Mike Flanagan adaptó la novela corta La vida de Chuck, de Stephen King, incluida en el volumen If It Bleeds, en un largometraje que respeta la estructura episódica y con un orden cronológico inverso del relato para hablar del Chuck del título.
La historia comienza cuando parece que el mundo está a nada de colapsar: incendios, socavones, terremotos destructores, disminución de suministros y la caída del internet azotan a la humanidad. Sin embargo, entre la destrucción inminente se mantienen anuncios panorámicos, radiofónicos y televisivos que repiten la frase “¡Gracias Chuck! ¡39 años maravillosos!” aludiendo a Charles Krantz (interpretado por Cody Flanagan, Benjamin Pajak, Jacob Tremblay y Tom Hiddleston, según la edad del personaje), un contador que agoniza en el hospital.
“Esa idea del universo dentro de cada uno de nosotros, el universo que construimos a medida que avanzamos en la vida, es un concepto hermoso que me resulta muy reconfortante. Y con cualquier cosa, al adaptar a Steve, se trata simplemente de conectar con ese corazón palpitante que tiene por naturaleza. Y esta, para mí, es quizás una de sus historias más emotivas”, explicó el director Mike Flanagan en una mesa redonda virtual.
La historia, con cada una de sus tres partes con un tratamiento y un ritmo distintos, empieza por el tercer acto, “Gracias Chuck”, que narra el desmoronamiento del mundo desde la perspectiva de un pequeño pueblo estadounidense donde este ambiente apocalíptico se mezcla con el agradecimiento al héroe desconocido. Luego sigue el segundo acto, “Artistas callejeros por siempre”, que ya se centra en el Chuck encarnado por Tom Hiddleston (el mismo que hace a Lucky en el MCU), cuyo momento central es una brillante secuencia de baile que Tom comparte con Janice (Annalise Basso). Y al final el primero, “Contengo multitudes”, con un Chuck niño viviendo una coming of age con romance juvenil incluido y con un Mark Hamill (el Luke de Star Wars) en el papel de su abuelo borrachín aplaca sueños Albie, quien tras la muerte de su jovial y apoyadora esposa Sarah (Mia Sara de regreso en el cine), que ha inculcado el gusto por el baile de Chuck, arremete para convencer a Chuck de volverse un apacible contador.
El baile de La Vida de Chuck
Tom Hiddleston pasó, dijo en la misma mesa, más o menos el 80 por ciento de su tiempo de rodaje (5 días) en la escena del baile. “Fue lo primero que hicimos. Y el lunes, martes, miércoles y jueves me quemé los zapatos en el asfalto de Alabama. Y luego, el viernes, hicimos todas las escenas donde Chuck está con su esposa Jenny y su hijo, y, ya sabes, en la cama casi al final. Así que fue extraordinario. Una vida comprimida, por así decirlo. Pero fuimos cuidadosos en los preparativos”.
Esos preparativos comenzaron mes y medio antes del rodaje con Mandy Moore, la coreógrafa, Stephanie Pow y Jonathan Ridavid, sus asistentes, y Annalise, tanto en Los Ángeles como en Londres. “Empecé a trabajar con Stephanie en Londres. Mandy le enviaba la coreografía y empezábamos a aprenderla. Mandy trabajaba con Annalise Basso, quien interpreta a Janice. Al principio nos reunimos todos en Londres, y luego en Alabama creo que una semana antes. Recuerdo que estábamos en un estudio de baile en un centro comercial en Fairhope, aprendiendo a bailar el moonwalk al mismo tiempo”.
Agregó: “Creo que lo más extraordinario fue, al menos para mí, intentar acumular toda esta experiencia de baile que el joven Chuck habría tenido. Tengo algo de experiencia en baile, pero es un poco menos formal que la de los giros y vueltas de la secundaria”.
Lo que tenía claro Tom era que debía poder mostrar la consciencia de la preciosidad y la fragilidad de la vida. “Pero también la magia y la majestuosidad de la conexión en lo cotidiano. Supongo que simplemente estoy bailando eso, como Chuck. Y está tan bellamente descrito en la historia que este momento en la acera, un jueves por la tarde, es quizás una expresión de la libertad más intensa de toda su vida. Es completamente libre. En el momento presente, está completamente vivo. Y dentro de seis meses, su vida habrá terminado”.
La secuencia de baile recalca ese punto. “Y creo que lo que más me conmovió es que somos multitud. Es cierto para todos. Ninguno de nosotros es una sola cosa. Ninguno de nosotros es el trabajo que realizamos, ni el rol que desempeñamos en nuestra familia o en nuestro círculo social. Dentro del alma de cada ser humano hay un mundo interno de infinitas conexiones, recuerdos, experiencias y posibilidades. Y nunca deberíamos aceptar la idea de que somos solo una cosa”.
Además, dijo, “nuestras vidas están llenas de lucha, sufrimiento, pena, dolor y pérdida. Eso también es cierto. Pero también son mágicas. Y hay tanta alegría en ellas. Y eso es lo que me conmovió. ¿Es que Charles Krantz, para el mundo exterior, parece el hombre gris de traje gris, el señor empresario caminando a la conferencia de negocios con su maletín que nunca se detendrá a escuchar música? Pero, en realidad, dentro del alma de este contador que ama su trabajo, a su esposa y a su hijo, se encuentra este bailarín. Y eso podría ser cierto para cualquiera que conozcas o que veas en la calle: dentro de ese ser humano hay una amplitud, profundidad y alcance mucho mayores de lo que podríamos imaginar”. Sin duda, una película original que muestra que Hollywood sabe hacer más que cine de superhéroes o remakes.