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Calle arbolada de la colonia Condesa, en Ciudad de México, con edificios de época. Calle arbolada de la colonia Condesa, en Ciudad de México, con edificios de época.

Roma y Condesa de película: 5 cintas para recorrer la CDMX con otros ojos

¿De verdad todo pasa en la Roma y la Condesa? El cine ha convertido sus calles y edificios en escenarios inolvidables, pero detrás de cada rincón hay historias que vale la pena descubrir. Recorre cinco películas que muestran por qué estos barrios tienen tanto que contar.

Hay ciudades que uno conoce por sus monumentos y otras que empieza a reconocer por las películas. La Ciudad de México pertenece a las dos categorías, pero también a una tercera: la que existe en nuestra memoria cinéfila. Esa calle que parece familiar, un edificio que ya vimos en una escena de culto, un parque que de pronto deja de ser solamente un parque porque ahí ocurrió algo que se nos quedó grabado.

La Roma y la Condesa tienen mucho de eso. Entre fachadas antiguas, cafés, bares, librerías y calles que cambian de personalidad según la hora, estos barrios han servido como escenario para historias que van del drama íntimo al thriller hollywoodense. También son parte de una vida cultural que se disfruta caminando, entrando a un lugar sin demasiadas expectativas y terminando la tarde con una película en la cabeza.

La idea es armar una ruta sin alfombra roja ni tours multitudinarios: cinco películas, algunas coordenadas y la posibilidad de encontrarse con otra versión de la ciudad.

1. Roma: la calle donde la memoria sigue rodando

En Roma (2018), Alfonso Cuarón convirtió los recuerdos de su infancia en una película que se siente como abrir un álbum familiar encontrado en una caja vieja. El blanco y negro, los sonidos de la calle y la rutina de Cleo hacen que la ciudad no funcione como simple fondo: es parte de la historia, con sus contradicciones, su ruido y sus pequeños rituales.

La casa que aparece en la película está en Tepeji 22, en la Roma Sur. La fachada se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del filme y en un punto de referencia para quienes quieren acercarse al universo de Cuarón. No hace falta entrar ni buscar una placa conmemorativa: basta con observar cómo una calle común puede cargar con tanta memoria cinematográfica.

La visita también sirve para recordar que la Roma que aparece en la pantalla no es exactamente la misma que recorremos hoy. La ciudad cambia, los negocios abren y cierran, pero algunas imágenes permanecen.

Fachada de la casa de la colonia Roma asociada con la película Roma, de Alfonso Cuarón.

2. Amores perros: cuando la ciudad se convierte en un golpe seco

Antes de que la CDMX se pusiera de moda en las listas internacionales de destinos creativos, Amores perros (2000) ya mostraba una ciudad intensa, fragmentada y difícil de ignorar. La ópera prima de Alejandro González Iñárritu cruza tres historias que terminan chocando, literalmente, en un accidente automovilístico.

Uno de los puntos asociados con esa secuencia está en el cruce de Atlixco y Juan Escutia, en la Condesa. Ahí, una esquina deja de ser una simple referencia vial y se convierte en parte de una de las películas mexicanas más influyentes de su generación.

Lo interesante es volver a verla y después caminar por la zona. La Condesa de hoy, con sus restaurantes, sus terrazas y sus parques, convive con la ciudad áspera que retrata la película. No son dos lugares distintos: son distintas formas de contar el mismo espacio urbano.

3. Hombre en llamas: la Condesa en modo thriller

En Hombre en llamas (2004), Tony Scott convirtió la Ciudad de México en el territorio de un thriller atravesado por la violencia, la paranoia y la desesperación. Denzel Washington interpreta a un exagente que termina involucrado en la búsqueda de una niña secuestrada, interpretada por Dakota Fanning.

El Parque México, en la Condesa, aparece vinculado con escenas de la película. Con sus senderos curvos, jardines y arquitectura art déco, el parque tiene una presencia cinematográfica natural: basta caminarlo para entender por qué puede funcionar tanto para una historia romántica como para una secuencia de suspenso.

Hoy es uno de esos lugares donde la ciudad baja el volumen durante unos minutos. Puedes recorrerlo sin prisa, mirar los edificios que lo rodean y después perderte por las calles cercanas. La película propone tensión; el paseo, otra manera de experimentar el mismo escenario.

4. Mariana, Mariana: crecer en una ciudad que ya no existe igual

Hay algo profundamente pop en volver a una película que retrata una época que ya pasó y descubrir que todavía quedan rastros de ella en la ciudad. Mariana, Mariana (1987), dirigida por Alberto Isaac y adaptación de Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, sigue a Carlitos, un niño que se enamora de la madre de su amigo y termina enfrentándose a un mundo adulto que no comprende del todo.

La película está ligada al paisaje de la Roma, con sus plazas, calles y construcciones que evocan una ciudad de mediados del siglo XX. Plaza Río de Janeiro, Plaza Luis Cabrera y la calle de Orizaba son referencias que vale la pena investigar para armar un recorrido inspirado en ese universo.

Más que buscar una reproducción exacta de cada escena, aquí el plan es observar las capas del barrio: los edificios que han sobrevivido, los negocios nuevos y las huellas de una ciudad que nunca deja de reinventarse. Es una ruta para quienes disfrutan tanto de la nostalgia como de caminar sin un itinerario demasiado rígido.

5. Los olvidados: la cara menos amable de la postal

Luis Buñuel no filmó la Ciudad de México para convertirla en una postal bonita. En Los olvidados (1950), la ciudad es un espacio de abandono, desigualdad y supervivencia. Su mirada se aleja de la versión idealizada de la capital y pone en primer plano a personajes que suelen quedar fuera de las historias más cómodas.

La Plaza Romita, en la colonia Roma, está asociada con el universo de la película. Es un rincón pequeño, con una identidad distinta de las avenidas más transitadas del barrio, que permite detenerse un momento y pensar en las muchas ciudades que caben dentro de una sola ciudad.

La cinta también abre una pregunta interesante: ¿qué recordamos cuando una película nos muestra un lugar? A veces, la imagen que permanece no es la más bonita, sino la que nos obliga a mirar con más atención.

La película no termina cuando aparecen los créditos

La Roma y la Condesa tienen una identidad visual que el cine ha sabido aprovechar: fachadas de distintas épocas, parques arbolados y calles donde conviven la vida cotidiana y una intensa actividad cultural. Su arquitectura y su ambiente las han convertido en escenarios reconocibles de la Ciudad de México.

Eso no significa que la capital se agote en estas dos colonias, pero sí explica por qué resultan tan atractivas para contar historias en la pantalla. Sus calles reúnen contrastes, memorias y una atmósfera que cambia con el tiempo.

Al final, esa es la gracia del cine: descubrir que una ciudad no tiene una sola versión. Tiene la que vivimos, la que recordamos y esa otra, un poco secreta, que aparece cuando reconocemos un lugar y pensamos: aquí ya estuve, aunque nunca había venido.

Del cine a la calle: arma tu propio recorrido

Si después de ver estas películas te dan ganas de salir a buscar sus escenarios, puedes convertir la Roma y la Condesa en tu propia ruta cinéfila.

  • Para empezar: visita Tepeji 22, en la Roma Sur, y observa desde el exterior la fachada vinculada con Roma. Recuerda que es un inmueble particular.
  • Para caminar sin prisa: recorre las calles de la Condesa y el entorno del Parque México, con tiempo para detenerte en sus edificios y jardines.
  • Para seguir explorando: pasa por la Plaza Río de Janeiro o la Plaza Luis Cabrera y descubre los contrastes entre la ciudad que aparece en el cine y la que existe hoy.
  • Para cerrar el plan: date una vuelta por Casa Tomada, librería independiente y espacio cultural de la Condesa. La idea es que el recorrido no termine en la foto de una locación, sino que te acerque a la vida cultural del barrio.

Tip: revisa las ubicaciones antes de salir y confirma cuáles corresponden a escenas filmadas en el lugar y cuáles están relacionadas con la historia de la película. Lleva calzado cómodo, respeta los espacios privados y date permiso de desviarte: a veces, las mejores escenas de una ciudad ocurren fuera del guion. 

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