Durante años dimos por hecho que cada salto tecnológico favorecía a los más jóvenes. Quienes crecieron con internet entendieron antes las redes sociales, las aplicaciones y las plataformas. Ahora, con la inteligencia artificial entrando a las empresas, esa ventaja parece menos evidente.
Porque la IA no solo está cambiando las herramientas que utilizamos. También está transformando la economía, la manera en que las empresas generan valor y las habilidades necesarias para participar en ella.
“La economía digital es hoy una parte cada vez más importante de la economía. Está creciendo mucho más rápido que la economía general”, explica Eugenio Gómez, profesor-investigador de la Universidad Panamericana y profesor visitante en IPADE Business School, en entrevista con Interesante.
La clave, sin embargo, no está únicamente en cuánto crece, sino en que empieza a imponer una lógica distinta.
La economía digital tiene sus propias reglas
Una aplicación, una fintech, una plataforma como Airbnb, una base de datos o los productos generados mediante inteligencia artificial pertenecen a una economía donde crear, distribuir y escalar valor funciona de manera diferente al mundo físico.
“El negocio de la economía digital es diferente que hacer negocio normalmente. No es lo mismo vender manzanas que tener una plataforma estilo Airbnb o ser una empresa de fintech. Tiene sus propias reglas, formas diferentes de monetizar el negocio, de crecer, de planear y de tener una estrategia”, explica Gómez.
La IA está acelerando esa transformación. Puede reducir costos y aumentar productividad, pero esas ventajas eventualmente estarán al alcance de muchas organizaciones. Por eso, tener inteligencia artificial podría dejar de ser, por sí mismo, un diferenciador.
“La tecnología se va a volver un poco más como un commodity, se va a acercar a las empresas en general. Las empresas van a usarla y van a disminuir a lo mejor un poco costos, pero las que realmente quieran destacar van a encontrar formas innovadoras de usar esta tecnología”, señala.
En otras palabras, la competencia comienza a trasladarse de quién tiene la tecnología a quién sabe qué hacer con ella, y esa misma transformación empieza a modificar la competencia entre generaciones.
Ser nativo digital ya no garantiza llevar ventaja
A primera vista, los jóvenes deberían partir adelante. Crecieron entre aplicaciones, plataformas y algoritmos y, por lo tanto, tienen una relación más natural con las nuevas herramientas. Gómez advierte que eso no significa que tengan asegurada una mejor posición en la economía de la IA.
“Las nuevas generaciones ya están más cercanas a muchos de los avances digitales desde el inicio y pudiera parecer que entienden esto mejor. Pero sigue siendo un reto, incluso para las nuevas generaciones, porque la tecnología está cambiando muy rápido”, explica.
Frente a esa familiaridad tecnológica aparece otra forma de capital: la experiencia.
“Cuando tienes a alguien que tiene 20 o 30 años de experiencia en un sector, sabe ciertas cosas que son muy valiosas y ha forjado ya una carrera. Su conocimiento y, sobre todo, su experiencia le permiten generar valor. Las nuevas generaciones que están por aprender en el mundo laboral tienen retos diferentes”.

La paradoja es importante. Los jóvenes pueden entender antes una herramienta, mientras alguien con décadas en una industria puede comprender mejor qué problema vale la pena resolver con ella. La IA necesita ambas cosas.
Las habilidades que vuelven a importar
El cambio tampoco significa que todos tengamos que convertirnos en programadores. Gómez apunta hacia una combinación mucho más amplia de capacidades.
“Necesitamos gente que sepa pensar, necesitamos gente que sea creativa, gente que sea capaz de liderar el cambio. Necesitamos habilidades de ese tipo, que son las más importantes, más allá de conocimientos, porque va a ir cambiando la tecnología”.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que 39% de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán o quedarán obsoletas hacia 2030. Junto con IA, big data y alfabetización tecnológica, las empresas colocan entre las capacidades relevantes el pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad y el aprendizaje continuo.
Eso revela algo importante sobre la economía que estamos construyendo: cuanto más accesible se vuelve la tecnología, más importante resulta el criterio con el que decidimos utilizarla.
Por eso Eugenio insiste en una capacidad que atraviesa edades y profesiones: “La educación continua, la capacitación continua, el seguir aprendiendo y el aprender a aprender va a ser más importante cada vez en el futuro”.
Quizá ahí esté el verdadero cambio generacional de la economía de la inteligencia artificial. La división ya no será tan sencilla como jóvenes digitales frente a adultos analógicos.
Cuando todos tengamos acceso a herramientas cada vez más parecidas, la ventaja podría estar en otro lugar: en quién consiga combinar tecnología con experiencia, creatividad y criterio, sin dejar de aprender cuando vuelva a cambiar todo.
